¡El bazar se muda!

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Lo bueno que tienen los bazares es que se pueden montar y desmontar con bastante facilidad. Este ha tenido una vida de casi 7 años, un número simbólico que da muy buena suerte y que me hace pensar en iniciar una nueva etapa con un nuevo blog. Su nombre es “Palabritis aguda” y lo podéis encontrar en la siguiente dirección: http://iraidetalavera.wordpress.com

Seguramente os preguntaréis por qué he decidido mudarme después de tanto tiempo pululando por este colorido bazar. Una de las razones es que no me gusta su URL, “thebazaarofarts”, porque lo hace bastante difícil de encontrar en este desierto lleno de oasis blogueros. El otro motivo es que la organización de este blog es bastante desorganizada y las etiquetas y categorías no responden a una estructura lógica y cómoda.

Así pues, ¡me mudo! :D En Palabritis aguda encontraréis más y mejor de anécdotas personales, libros que me han gustado, canciones que me emocionan, recuerdos que no olvido y muchas otras de las cuestiones que se agolpan en una cabeza llena de palabras.

Un fortísimo abrazo,

Iraide

 

El lado bueno de la lluvia

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El lado bueno de la lluvia es meterte en un cine para capear el temporal. Hoy el cielo volvía a estar sucio, lo habían frotado con un trapo ya usado y estaba gris, aunque algunos cachos se revelaban brillantes (no lo suficiente, sin embargo, para que el sol se pudiera filtrar por ellos). Por eso, paraguas en mano, A. y yo nos hemos dirigido al cine a ver “El lado bueno de las cosas”, película protagonizada por Bradley Cooper y Jennifer Lawrence.

Cuando nos hemos acercado a la taquilla, me ha sorprendido comprobar que la mayoría de los asientos estaban vacíos aún, hasta que nos hemos dado cuenta de que la película se retransmitía en la sala 8, la que tiene asientos plateados y un barroco marco rodeando la pantalla. Esa sala es más elegante que las otras, y por eso la protegen prohibiendo la ingesta de palomitas. Para desagraviar a nuestro estómago, las hemos sustituido por la glucosa multicolor de los ositos de gominola, las nubes (también llamadas jamones), los regalices rojos y hasta un huevo Kinder (cosa mía). Para beber, agua y Aquarius, con el resultado de que el conjunto ha costado casi el doble que el pack de palomitas y Coca Cola que solemos comprar. Eso sí, hemos tardado en consumirlo la mitad del tiempo: para cuando la peli ha empezado, teníamos ya subidón de azúcar y las bolsas de plástico vacías.

Respecto a “El lado bueno de las cosas”, me ha gustado. He disfrutado con la interpretación de los actores protagonistas, y también con el énfasis en la importancia de las relaciones familiares. Además, me ha llamado la atención que una comedia romántica aborde los trastornos psiquiátricos y sea capaz de hacer reír al público sin dejar de reflejar la gravedad de esos problemas y mostrando el debido respeto a las personas que los padecen.

Por cierto, como dato interesante, el filme está basado en el libro “Un final feliz”, de Matthew Quick. Aquí os dejo el tráiler por si estos frentes racheados os animan a recluiros en una butaca detrás de un cuenco de palomitas, golosinas, o lo que queráis. No me negaréis que al plan sólo le falta una mantita para ser perfecto…

Carnaval, carnaval…

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Llega otro febrero de tardes cada vez más largas y lluvias impenitentes que nos obligan a hacer penitencia como si todos fuéramos cristianos en Cuaresma. Y sin embargo… ¡El carnaval nos abraza con sus colores calurosos para poder soportar mejor los charcos y el chaparrón de malas noticias que nos trae la televisión!

Sí, como todos sabéis, esta semana tenemos fiestas carnavaleras. En el colegio se empeñaron en enseñarnos que ésta era la celebración de la carne previa a los cuarenta días contradictoriamente vegetarianos; no se podía comer carne, pero pescado sí (¡pobre bacalao, pobre merluza, pobre bogavante!). Tras esa etapa anti-ternera, venía la Semana Santa con la consiguiente muerte y resurrección de Dios.

Catolicismo aparte, yo quería hablaros de las fantásticas fiestas del disfraz en las que cada cual se convierte en lo que quisiera ser y no es (por eso tantos hombres se disfrazan de mujeres o las chonis de osos polares), o en lo que la cuadrilla de turno determina. En la mía, por suerte, cada cual va de lo que se le antoja. Un plátano gigante, Harry Potter, una diablesa, una china, un ser de ultratumba, una dálmata y una geisha pueden darse cita y nos quedamos más anchos que largos. Eso sí, la iniciativa personal e intransferible de cada uno hace que cada año se haga más compleja la elección del atuendo.

Yo, normalmente, hallo la inspiración poco antes de que llegue el evento. De repente, hay algo que me llama la atención y me hace exclamar: “¡de eso voy a ir yo!” Esta vez, el “eureka” vino hace un par de semanas de la mano de la película “Rompe Ralph”. Uno de sus personajes, la piloto de carreras virtual Vanellope von Schweetz, me pareció tan graciosa y pizpireta que decidí convertirme en ella por un sábado. Además, su indumentaria está basada en las golosinas, y no hay nada más entretenido que llenarse de piruletas y ositos de gominola de los pies a la cabeza. :)

Os la presento aquí, ¿no es adorable? ¡Ahora sólo me falta encontrar un coche hecho de dulces!

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¡Un año más!

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¡Uops! Es increíble la velocidad con la que pasa un año. Todavía recuerdo la Nochevieja pasada, cuando estaba encantada porque había comprado un diario para anotar en él lo que sucediera cada día. Pues bien, ese diario ha agotado sus 366 momentos, aunque la mayoría permanezcan en mi cabeza porque me daba pereza rellenar religiosamente lo que acontecía en mi rutina.

Ahora, es tiempo de cambiar de calendario y dar la bienvenida a un 2013 que vendrá cargado de cosas buenas, regulares y malas, pero al que seguro cogeré cariño. Al 2012 tengo que agradecerle haberme podido reír cada día, haber estado junto a mis familiares y amigos, conocido a gente que merece la pena, leído, viajado, visto y, en definitiva, disfrutado. Creo que, a pesar de la grave situación que atraviesa nuestra sociedad, es momento de recordar qué es lo que nos hace felices y potenciarlo. Eso no quiere decir que no nos tengamos que indignar por la coyuntura social, au contraire! Si recordamos que la vida está ahí para vivirla, nos sentiremos más libres para cambiar lo que no nos gusta y gozar de aquello que nos hace sentir bien.

Feliz Año Nuevo a todos, que tengáis una estupenda entrada y salida de año. :D

Como regalo, un clásico que los años no agotan:

 

El día más corto del año

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Ayer se terminaba el mundo, anunciaban todos con sorna. O, al menos, comenzaba una nueva era y debíamos despedirnos del decimotercer baktún, afirmaban los mayas. Me hace mucha gracia la palabra “baktún” como unidad de medida, parece extraída de alguna saga fantástica en la que aparecieran elfos, bosques vivientes, hechiceros y algún que otro hobbit. Un baktún equivale a 144.000 días (unos 394 años), más o menos la edad de Jordi Hurtado, aunque no lo aparente, y en el día más corto del año, preludio del invierno, dábamos paso al número catorce.

Bilbao, para celebrarlo, regó sus calles de sidra y kalimotxo mientras las apocalípticas nubes (tan recurrentes en la villa) se retorcían en sus bancos celestes como si tuvieran acidez de estómago. Era Santo Tomás, y por lo tanto mandatorio patear las Siete Calles y darse a la comida, la bebida y la jarana. Los bares rebosaban pintxos y gente, los restaurantes estaban a tope de reservas y en El Corte Inglés padres, madres y niños bloqueaban las secciones de libros y papelería como si Gutenberg acabara de inventar la imprenta.

Para la hora de la sobremesa, era mucho más preocupante tener a punto los regalos del Olentzero, Santa Claus, Papá Noel o cualquier otro señor obeso que cualquier profético Armagedón. Total, este último ya lo está causando nuestro gobierno actual con sus recortes. Yo, por mi parte, aguardaré a Melchor, Gaspar y Baltasar para hacerles los encargos de este año. Estoy necesitada de inspiración, porque cada año que pasa se incurre más en la repetición, pero estoy segura de que algo se me ocurrirá. Además, con la crisis, hay propuestas más innovadoras que nunca y ofertas bastante atractivas.

Eso sí, como regale a mis padres otro pack Smartbox para comer por ahí… ¡van a reventar! Tal vez les ofrezca un pack multiaventura para que prueben el puenting, el carting o cualquier otro “ing”… Así bajarán los kilos de ensaladilla, langostinos y sushi (mi hermana y yo apostamos por la cocina fusión desde el año pasado) que van a ingerir estas dos semanas. Porque los vascos, lo que es ahorrar, ahorraremos este año, pero no en comida.

En cuanto a hoy, segundo día del decimocuarto baktún y del invierno, nos ha dado la bienvenida un sol radiante que ha desalojado los abrigos de nuestro cuerpo y nos ha vuelto a lanzar a la calle. El clima se ha venido arriba y los termómetros han sacado el dos de las decenas para celebrar que hemos llegado a los veinte grados en esta capital norteña, como si aquí las estaciones estuvieran barajadas y fueran saliendo de forma aleatoria. Tal vez mañana nieve, pasado haga ventisca y al otro esto parezca Lanzarote.

Por cierto que… ¡Pasado es Nochebuena y al otro Navidad! :D ¡Felices fiestas a todos y a disfrutar de estos días en compañía de vuestros seres queridos!

 

 

 

Una de princesas

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Bella siempre ha sido mi princesa Disney favorita. No es que me guste el síndrome de Estocolmo que desarrolla con la Bestia cuando ésta la encierra en su lujoso castillo, pero me parece que, al margen del machismo que destila la famosa compañía cinematográfica, la hermosa muchacha tiene encanto. Vive en una bonita aldea francesa, tiene un carácter menos azucarado que Blancanieves o la Cenicienta -aunque no llega a ser Mulán- y, sobre todo, le fascinan los libros (¡ah, y canta bien!)

Todavía recuerdo el inmenso deleite que me produjo ver aquella increíble biblioteca que abarcaba casi un ala entera del palacio, y la cara de sorpresa de la protagonista con ese elegante vestido verde (me pirra el vestuario que el armario viviente le proporciona)… ¡Qué momentazo!

Armario de "La Bella y la Bestia"

Armario de “La Bella y la Bestia”

Todo esto viene a cuento de que este mes el musical “La Bella y la Bestia” ha aterrizado en el Teatro Arriaga de Bilbao y voy a tener la suerte de poder verlo. Adoro los musicales porque combinan color, música y diálogo, sobre todo cuando se trata de uno en el que la fantasía tiene tanto protagonismo: teteras, tazas, platos bailarines, un candelabro loco, un reloj gruñón… ¡Me lo voy a pasar como una enana! Eso sí, voy a tener que contenerme para no ponerme a cantar, que estos días estoy volviendo a ver los vídeos de la película y me sé tan bien la letra de las canciones que casi podría sustituir a la actriz principal si se acatarrara. :)

Ya os contaré qué tal. Iré ataviada con mis mejores galas princesiles y con muchas ganas de disfrutar de una noche teatral.

De momento, para que os quedéis con un magnífico sabor de boca, os dejo dos escenas que me gustan especialmente. En la primera, casi al inicio de la película, encontraréis a Bella de visita por su aldea. En la segunda, Bestia le enseña la superhípermegagargantuesca biblioteca. Bon appetit, mesdames et messieurs!

Bella en su aldea:

Bella en la biblioteca:

Un bazar para compartir

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La semana pasada estuve leyendo las memorias de mi tatarabuelo, un hombre de Guadix (Granada) nacido en 1856 que, durante los últimos años de su vida, recopiló su trayectoria vital de tres cuartos de siglo complementándola con los acontecimientos históricos más destacados. Me pareció muy interesante conocer las vivencias de mi antepasado andaluz, abuelo de mi abuelo materno, pero lo que más me gustó fue descubrir sus emociones y darme cuenta de que éstas no varían por mucho que pase el tiempo: el amor, la tristeza, la incertidumbre, la alegría… Son sentimientos que acompañan el presente de cada uno, aunque se haga raro leerlas en una persona que abandonó este mundo hace casi un siglo.

Poco después de leer el libro de memorias, volví a revisar una recopilación de mis artículos blogueros del 2007 y el 2008 que mi novio tuvo a bien encuadernar (es uno de los regalos más bonitos que me han hecho), y me di cuenta de que mi principal objetivo cuando me inicié en la andadura bloguera era compartir lo que me gustaba (vivencias, canciones, libros) y describir las emociones que estas cosas me suscitaban.

Después, me empezó a entrar el agobio de la falta de tiempo, la sensación de que mi blog era un caos y de que los artículos no guardaban relación unos con otros, pero me había desviado de mi objetivo principal, de aquel que me hacía experimentar placer al escribir. Creo que narrar acerca de aquellos objetos o actividades que nos hacen felices dicen mucho sobre nuestra persona, y son una forma bonita de abrirnos a los demás. Por eso, uno de mis objetivos para el 2013 es seguir haciéndolo, con vosotros lectores a mi lado. :)