Inclasificable: acuosa, llena de chaparronces, chapuzones y pronóstico de catarro para gran parte de la ciuda. Así se presentan unas fiestas en las que el ambiente ha decaído debido a la lluvia. Txosnas vacías, conciertos suspendidos y un montón de personas arremolinadas debajo de las casetas con toldo son la perspectiva de unas fiestas que año tras año prometen diversión y alegría a espuertas, pero que esta vez han sufrido el percance meteorológico.

En esos momentos te percatas de la debilidad humana, de la corruptibilidad de los espectáculos al descubierto y, sobre todo, de lo confiados que somos los bilbaínos. A pesar de que, por experiencia, en agosto en tiempo se torna, digamos, angosto y difícil de predecir, seguimos amando los puestos, tenderetes y barracas al aire libre. Sólo nos queda esperar que el fin de semana los nubarrones nos den una tregua y las temperaturas se eleven un poco, para que el espíritu haga lo mismo.