Willkommen nach Würzburg Septiembre 23, 2007
Posted by thebazaarofarts in Erasmus, Personal, pensamientos.3 comments
Sed todos bienvenidos a Würzburg, ciudad fortificada llena de iglesias, salchichas y vino blanco con sabor a manzana y, sobre todo, bicicletas. Sé que llevo tres semanas aquí y todavía no he escrito una palabra sobre la ciudad, pero todo ha sido producto de la vagancia y del cansancio, además del hecho de que cada vez que me conecto acabo hablando por el messenger de todo y de nada.
La verdad es que, una vez pasada la primera semana, los días han fluido muy rápido. Al principio todo era nuevo y no parábamos de patear la ciudad en busca de sartenes, perchas, ropa de abrigo y todo lo necesario para subsistir. Además, estábamos pendientes del cursillo de alemán de cuatro horas diarias, de las actividades de ocio disponibles y de todo ese conglomerado de cosas que hacen que no te sientas solo y confinado en el extranjero.
Ahora, sin embargo, se ha instaurado una rutina cursillil que me hace remolonear media hora en la cama, desayunar corriento y despotricar contra las cuatro horitas de alemán que nos insuflan de lunes a viernes. A continuación, procedo a zampar todo lo que pueda en el Studentenhaus, y después salgo por la ciudad con la gente de la resi o me voy a mi “casita”, una habitación que me gusta bastante y en la que me siento muy a gusto. Los fines de semana el plan varía un poco, hasta ahora hemos ido a tomar algo, a la disco o hemos hecho una excursión de día, como ayer a Nürnberg.
En mi opinión, la experiencia está siendo buena porque estoy hablando alemán por un tubo, hay veces que me río bastante y la ciudad me parece preciosa. Sin embargo, sigo con el mismo estado anímico que tendría en Bilbao: no me embriaga el entusiasmo por encontrarme aquí, el grado de amistad y confianza que tengo con la gente no es equiparable al que tengo con mis buenos amigos y el estar conociendo a gente sin cesar me satura, y además no le veo mucho sentido.
Parece una visión pesimista, pero no significa que esté todo el día con cara de hongo, al contrario. Así todo, creo que el Erasmus no es para tanto, vamos, que no hemos descubierto América con él. Claro que eres más independiente, claro que aprendes un idioma, claro que conoces gente interesante. Pero yo sigo echando de menos a mis padres, los paseos con mi novio, mi cuadrilla y mi ciudad.




