Papán, papán, pachún pachún pachún: pero mira cómo beben los peces en el río… Diciembre 17, 2007
Posted by thebazaarofarts in Ensayos, Erasmus, Littera, Navidad.trackback
A veces en Würzburg me parto de risa con la multiculturalidad reinante. Antes observaba a los Erasmus de forma distante, como si fueran un conglomerado de gente con cara de despiste totalmente separado de mi mundo. Con antes me refiero a primero de carrera, ya que al ser filólogos en seguida nos presentaron a muchos estadounidenses la mar de majos que venían a aprender el español, a viajar y a hacer el vago -que sí, que también, jejeje. En segundo conocí al elenco alemán, y las dos chicas con las que tuve relación no tenían nada de despistadas, de hecho me pregunto aún cómo narices hablan tan bien el castellano. Desde aquí, de paso, un saludo a Monika y Lisa por si dan con mi blog.
Pero bueno, a lo que yo quería llegar es que ya no puedo ver a los Erasmus como algo ajeno. Ahora, ellos son mi casa. Tengo más trato con mis queridas japonesas, con las italianas o con las húngaras que con la gente de aquí, porque están en las mismas condiciones que yo y hablan un alemán mil veces más comprensible, ese alemán-Erasmus compuesto de un máximo de 1000 palabras que combinadas hacen nuestra comunicación tan efectiva: “Estoy cansada”, “¿Vienes zur Party?”, “Vengo del Kupsch (súper)” o “Mañana tengo que hacer un Referat (exposición oral)” son problemas y alicientes que compartimos a diario. Además, a diferencia de los alemanes, los extranjeros nos sabemos el calendario de fiestas residenciales de pe a pa -cada dos viernes la residencia de Leo, no falla (hasta que falla). Cosas así.
Y por eso, digo, los erasmusianos son tan cercanos, excepto cuando cada uno nos ponemos a hablar en nuestro idioma, que entonces eso parece la construcción de la torre de Babel y es una manía que tenemos los españoles, la de ponernos a hablar en castellano esté quien esté. Hoy reflexiono sobre el mundo multicultural en el que habito porque hemos tenido una fiesta navideña en el cursillo de alemán. Los cursillos de alemán son lo mejor, ya que nadie es alemán pero todo el mundo habla alemán más o menos bien y más o menos raro. Rumanía, Hungría, Corea -del sur-, Japón, China, Francia, Rusia… And me como representante de Spanien. Y hoy hemos tenido que demostrar que de verdad venimos de donde decimos venir, y para ello hemos cocinado platos típicos de nuestro país.
Bueno, yo opino que se parte demasiado a la ligera de la base de que sabemos cocinar -y no lo digo por mí, que preparo una tortilla que te pasas, y que conste que con los dedos de una mano puedo contar las que he hecho. Pero bueno, que presuponen mucho, porque aparte de tortilla hay pocas cosas más en las que me haya especializado. Así todo, ha pasado la prueba, como ya hizo en setiembre en otro evento multiracial, y también ha aprobado mi villancico. Eso creo, vaya, luego el profesor no paraba de cantar “beben, y beben, y vuelven a beber, los peces en el río…”. El que no paraba de llenar el vaso de Glühwein (a.k.a. vino humeante con canela y más cosas) era él, yo creo que estaba un poco borrachillo, porque hemos acabado ambos cantando “la Virgen está lavaaaaaando” delante de la clase.
Son estos momentos que recordaré toda mi vida, ya que el habar cantado este villancico carente de sentido delante de una clase que no entiende un carajo de español pero que adolece de gusto musical es algo que me sube los colores de los mofletes -después de haberlo hecho, claro está, que desde que bailé la Macarena he perdido la vergüenza. Y también recordaré por siempre la buena vida que llevamos los estudiantes en los países de acogida, que por deberes nos ponen cocinar tortilla y grabar una canción de Navidad… Ayyyyy…





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