Los días de lluvia Mayo 31, 2008
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Hoy ha sido un día de lluvia en Würzburg. Me he levantado, y estaba oscuro. Eran las once, pero faltaba el sol de mediodía que suele plantarse frente a mi ventana, con los brazos cruzados sobre el pecho, esperando a que llegue el ocaso. Hoy no estaba él, el sol, y por eso la luz azul grisácea de las nubes se ha extendido por el cuarto.
De la ventana abierta del baño manaba un frío que teñía cada baldosa, y el silencio era aquel que presagia una nueva tormenta. Pero era una tranquilidad perfecta. Me ha recordado a las mañanas de lluvia en Gorliz. Levantarme perezosa pero sin un sueño oprimente, dirigirme a la ventana y ver que en la calle no hay procesiones de chancletas hacia la playa, ir a la cocina y ver que mis padres y mi abuela charlan sentados junto a un café con leche, y saber que va a ser una jornada consagrada a la lectura. Que no queda otra alternativa que sumergir la espalda en un mullido cojín y leer.
Leer, lo que voy a hacer ahora. Mi lectura semanal es To the Lighthouse (Al Faro), de Virginia Woolf. Ya os comentaré qué tal está.
Canción para hoy: Llueve en mí, de El Canto del Loco.
Rayos y centellas Mayo 30, 2008
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Se desencadenó la tormenta. El cielo no podía aguantar tanta presión. Estaba inflado como las palomitas, abochornado, húmedo. Y sucedió. Estalló la tormenta en un continuo palpitar de lágrimas furiosas sobre los árboles, en un clamor de luces amarillas parpadeantes. Las hojas de los árboles se extendieron para darle la mano al viento, desprendieron el olor de su savia y se sacudieron agitadas. Subió la temperatura, y llegó al clímax.
Un sosiego se extendió por la ciudad. El aire, respirable tras el retumbar de los truenos, la brisa colándose fresca en el tejido, las gotas redondas y frías, caídas de un cielo sobrecargado. Würzburg ha vuelto a la normalidad. Se nos extendían gotas de sudor por las ojeras, teníamos los brazos tan pegajosos que parecía que nos hubiéramos pegado post-it, y todos íbamos cargados con botellas de litro -con gas, la mayoría.
Pero ya no más. Ahora iremos por la calle y no sentiremos el taponamiento nasal, ni la sequedad bucal. Iremos en el autobús y seguiremos pasando un calor insufrible, pero no nos asfixiaremos. El cielo se ha concedido una tregua. ¿Hasta cuándo?
El día más cálido del año Mayo 30, 2008
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No paran de hablar en la radio del día más cálido del año. Desde el martes o el miércoles es el día más cálido del año. Pero el tiempo siempre nos depara un día más caluroso que el anterior, y creo que hoy hemos llegado a la cumbre. Necesito una cámara frigorífica en la que esconderme. Mi cuarto es un horno, no es suficiente con abrir sólo la ventana del baño y tener las cortinas echadas para que no pase el sol. No basta con beber y beber y seguir bebiendo agua de la nevera para no deshidratarme. No vale con ir a hacer la colada para pasar por el único pasillo que se mantiene frío en la residencia. Este calor es pegajoso, te impregna y te salpica inclemente.
Para colmo, los autobuses que llevan a la universidad son radiadores con ruedas en los que se aglutinan por igual estudiantes y bicicletas a todas horas. Hay horas de baja afluencia, pero entre las diez y las dos del mediodía se reúne toda la masa universitaria en el autobús número 10 dirección Universitätszentrum (Centro de la Universidad). Hoy me toca una clase a las 12:30, y espero que por ser viernes el vehículo se encuentre prácticamente vacío de alemanes enrojecidos y de bicicletas.
Os preguntaréis: ¿si la gente va en bicicleta, por qué no andan sobre ella en vez de meterla al autobús? Se trata de un misterio aún por resolver. Hubo un día en el que unas 10 bicicletas y sus respectivos dueños entraron en el autobús, y aquella vez no es que fuera precisamente vacío. Lo mejor es que los conductores parecen no darse nunca cuenta de que sacar una bici lleva más tiempo que sacarte a ti mismo por la puerta, y siempre cierran las puertas antes de que bici+dueño hayan salido del todo. Si no pillan al usuario, pillan una rueda.
Y es que el prejuicio de que los alemanes son cuadriculados se cumple. Los autobuses llegan a la hora -ni un segundo más tarde-, y no tienen compasión por aquel que corre hacia ellos resollando. Las puertas del autobús te pillan mientras estás entrando, y como colofón cuando estás dentro del autobús y cierras los ojos, feliz de haberlo cogido, el conductor mete la quinta y se inicia la aventura: loopings, descensos a 200 kilómetros por hora, vaivenes hacia la izquierda y hacia la derecha… Es una mezcla ente el Dragón Khan, el tren de la mina, los autos de choque y el barco pirata.
La única manera de encarar esta odisea dignamente es enchufarse los cascos, sintonizar Antenne Bayern, poner cara de trance y pensar: ¡¡Vamos a llegar volando!!
Rutina Würzburguesa Mayo 29, 2008
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Hoy hemos comentado un hecho que se cierne sobre nosotras: nos quedan dos meses de Würzburg. Ayer lo pensé mientras me dormía, asada en el duro colchón de mi apartamentito: me quedan dos meses de Würzburg. Se me hace muy raro.
Me acuerdo del primer día que me acosté en este cuarto. Quería cerrar los ojos y abrirlos en otro sitio. No era solo el echar de menos, era la sensación de extrañeza. No era que quisiera volver a Bilbao, era que me veía como un post-it puesto en mal sitio. Extrañamiento, que diría aquel. Pero ahora ya no siento extrañamiento. Ahora me he acostumbrado y mi cuerpo se ha adaptado a la agradable y pequeña Wü. Lo único que se me pasa por la cabeza al pasear en manga corta de noche por sus calles veraniegas es que tendría que aprovecharlo más, explotarlo. Aunque lo haga, me dan ganas de aspirarlo todo, de deleitarme en las estatuas del Alte Mainbrücke, el bonito puente que une los dos lados de la ciudad, de saborear un helado de chocolate y tiramisú detenidamente, de salir a cenar, de pasear por la orilla del río Main…
Quedan dos meses, pero hemos recurrido al truco de la prórroga. Nos quedamos también el mes de setiembre, unas cuantas amigas y yo. Así hacemos un nuevo intensivo -de lo que sea: alemán, inglés, da igual- e instruímos a los nuevos invitados a Würzburg.
Se acaba el Erasmus, pero no creo que sea solo un paréntesis, o un sueño largo. Es una prolongación de nosotros, una forma de ver que la vida no es solo Bilbao, una manera de quitarnos todos los cables, como a Neo el de Matrix, y quitarnos de una coraza rutinaria que parecía adherida a nosotros. Al principio dolió perder las referencias que parecían ser parte de mí, y que de algún modo lo son, pero el efecto curativo de hacerse a este nuevo ambiente es la compensación.
A little bit of pressure Mayo 28, 2008
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Como Benjamin Franklin, me presiono. Me presiono a llevar una rutina firme porque mi personalidad escáner tiende a la dispersión. Una persona escáner es aquella que tiene tantos focos de interés que quiere abarcarlo todo y, al verse incapaz de ello, no comienza nada o se queda en el camino antes de terminar. Pero una persona escáner también tiene muchas motivaciones, y si consigue canalizarlas bien puede llegar a hacer muchas cosas. Una de ellas, tener un blog.
Hacía tiempo que mi personalidad escáner -se define muy bien en el libro de Barbara Sher, de título No debes decidirte cuando tienes miles de sueños- y la rutina Erasmusiense me tenían alejada de este querido blog, formato digital y gratuito, si no tenemos en cuenta los 10 eurillos mensuales que nos cuesta aquí internet.
Pero ahora sé cómo hacer para escribir día a día en el blog sin dejarme dominar por la vagancia. Necesito, por lo menos de momento, a alguien que me increpe si no he escrito, para así mantener vivo este rinconcito virtual. Lo comentaba el otro día con un compañero de clase que, al igual que yo, siente curiosidad por todo pero se desorganiza: necesito a little bit of pressure para llevar a cabo mis actividades. Él, con anillo de casado en mano, decía que pedía a su mujer que le azuzara un poquito cuando viera que él no estaba haciendo nada.
Yo vivo sola, en este apartamentito, a mi libre albedrío, y por tanto solo puedo pedir presión -sin pasarse- a mis lectores. Prometo portarme bien y escribir día a día, como si de un diario se tratara. Así tendré un recuerdo detallado, preciso y excelente de mi día a día en Würzburg.
Y además… Así el blog, a partir de ahora, engordará, se pondrá rollizo y le saldrán papos.
Este es el avance informativo de hoy.
Canción para hoy: Últimamente, de Ismael Serrano, porque habla un poquito de la dispersión





