Quizá entonces (segunda parte) Julio 17, 2008
Posted by thebazaarofarts in Ensayos, Erasmus, Literatura, Littera, Música, Personal, Vida cotidiana, Vida no cotidiana, pensamientos.trackback
La comida terminó tarde. A las cuatro seguían tomando café y charlando sobre tonterías. Ella creía que, cuando un grupo de empresarios se reunía, discutirían nuevos proyectos, o hablarían de las dificultades en cada uno de los núcleos donde estaba asentada la multinacional. Pero solo mezclaban deportes, mujeres y política a voz en cuello. Había hombres que, de pura risa congestionada y roja se habían aflojado la corbata y desatado los primeros botones de su camisa. Su cuerpo tampoco se amoldaba a la silla, y ahora colgaba lánguido y desinflado, con el brazo que sujetaba el cigarro apoyado en el mantel lleno de migas.
Él participaba en las conversaciones. Se le veía enérgico, de naturaleza alegre. Sonreía con facilidad, daba palmas en el hombro de sus compañeros. Parecía estar integrado en la conversación. Aunque, cada vez que ella pasaba, su ojos se alzaban y dibujaban un segmento que, a modo de GPS, seguía sus movimientos. Volvió a sentir que estaba frente a un público, esta vez exclusivo. Él, frente a la camarera amateur que realizaba su guión lo mejor posible. Se mostó eficiente y rápida. Sabía ejercer su profesión. Pero notaba el rubor. Notaba el rubor que no se le iba, que despedía humo por sus mejillas como si se tratara de una plancha.
Terminaron de comer, después de aquella larga sobremesa. Pidieron la cuenta, la volvieron loca porque algunos no querían pagar a escote, y todavía los números se le daban mal. Además, sentía que hacían bromas sobre ella, que la miraban intrigados, deseosos quizá, porque era guapa. Entre ellos, dos puntos negros. Esos ojos, esos ojos que la habían acaparado por completo.
Se quedó recogiendo la mesa, y de pronto una voz clara y sin fisuras le habló:
“Hola, soy Carlos.”
“Carlos”, repitió. Quería estar segura de si había entendido bien. “Hola, qué tal. Yo soy Laura”.
“Laura. ¿Alemana?”
“Sí, sí. ¿Y tú? ¿Eres de… aquí?”
“No, he venido por asuntos de trabajo.”
Laura no entendió esto último. Asuntos de trabajo. Sus cejas enarcaron una interrogación. Carlos comprendió.
“You don’t understand Spanish… ¿eh?”
“No, no, sorry. Lo siento… I came here two weeks ago, lo siento. Do you speak English?”
Al fin pudieron entenderse en la lengua internacional. A ella le divertía cómo él hablaba inglés, marcando tanto las erres y las vocales, acentuando exageradamente la entonación de las preguntas. Tenía, además, una sonrisa simpática. Una sonrisa franca, de las que daban confianza. Transcurrieron cinco minutos en los que se pusieron al corriente de su vida en el presente. Él trabajaba en Toledo, ella acababa de llegar. Solo tenía una amiga alemana, que fue quien le informó de que Alicante merecía la pena, de que había muchos turistas. Pero esa chica se había casado y apenas tenían tiempo para verse.
Así que Carlos decidió quedar con ella al día siguiente para tomar un café. Le despertaba tanto la curiosidad… No le pasaba desde hacía mucho tiempo. Se sentía absorbido por su pelo rubio y su mirada pálida. Pero, sobre todo, le gustaban sus ojos, tan verdes.






Al final me enamoraré de Carlos y no te quedará otra que encontrar su correspondencia en la vida real, para dármelo. A no ser que esto tenga algo de biografía y te esté robando el protagonismo, jajaja.
No, tranqui, no hay nada biográfico, aunque luego siempre se encuentran motivaciones psicológicas escondidas entre las páginas, jejeje. Tendré que dibujar a Carlos, entonces, para que lo tengas completo. De momento tenemos unos ojos, una sonrisa, una carta y un inglés con mucho acento, pero nos falta darle forma y saber qué piensa.
Si después encuentro una réplica te la mando por correo urgente en un paquete tamaño persona