La parada de autobús Julio 22, 2008
Posted by thebazaarofarts in Uncategorized.trackback
Durante el camino a la universidad mi andar es lento. Suelo calcular que mis despreocupadas pisadas tardarán diez minutos en recorrer el camino hacia la parada del autobús. No logro hacerlo más rápido, una languidez absurda se apodera de mis piernas, noto como si flotaran peces en mi interior. No existe el reflejo de la prisa, se ha inhibido. Se ha quedado colgando de una fecha futura aún por determinar, del día en el que, obligada por estos mismos pasos que ahora se dirigen lentos a su destino, llegue a la Universidad de Deusto como si Alemania hubieran sido unos corchetes toscos, un entreacto que nada tenía que ver con la obra que se estaba desarrollando.
Pero de momento, como digo, mi forma de caminar es la de quien da un paseo, curioso y ufano, atento a lo que hay a su alrededor. Y me gusta lo que veo, y lo que respiro. El aire entra tibio y hondo por mis pulmones, mimados de pura tranquilidad; los árboles van dejando caer alguna hoja que se agrieta sin la savia, insinuando que alguna vez volverá el otoño a teñir el suelo de crujiente amarillo; los niños cargan con mochilas cuadradas y compactas, todas de la misma marca, que no les impiden correr y gritarse cuando hay recreo; las señoras esperan al autobús junto a una papelera que, al menor contacto, se altera y proclama mensajes publicitarios. Por lo demás, el barrio es placidez y bienestar: nada perturba el ritmo pausado de la vida, solo cambian las estaciones. Y yo, que me dirijo con los mismos andares despistados, mientras tarareo la música que llevo en los oídos, yo también he cambiado.
Me inspira mucha curiosidad saber si se ha producido alguna variación dentro de mí. He oído que el Erasmus transforma, y así como busco “miranfús” por todas partes, también me alegra encontrar metamorfosis sorprendentes. Sueño con la idea de ser distinta, de que un año en el extranjero surta un efecto tal que, a la vuelta, asombre a mis allegados. Aunque no sé en qué, sé que he cambiado. Me veo de otra forma al mirarme al espejo. O tal vez sea que soy otra cuando estoy aquí, ajena a toda circunstancia familiar. Puede que aquí sea más “yo” que en ninguna otra parte.
Tengo una amiga en Würzburg, María, que bien vale la categoría de “mejor amiga”, simplemente por las apreciaciones que hace. Es alguien que entiende lo que pretendes decir, por difícil que sea expresarlo con palabras. Eso la hace muy especial. El otro día me preguntó a ver cuál era la vida “real”, si la que estamos viviendo ahora o aquella que hemos dejado atrás. Me resisto a pensar que esto sea una ficción, una mera experiencia para el archivo. Esto es una anticipación de la vida tal y como es cuando nosotros somos sus directores. Y por eso sabe más real, y más jugosa. Porque la modelamos, porque nos pertenece. Porque nos confiere una sensación de poder y libertad que no nos sería posible sentir si siguiéramos en nuestro país, en nuestra casa.
Aunque a veces echemos de menos. Aunque nos guste arrebujarnos en la comodidad del hogar, y sentirnos protegidos. Siempre volveremos a salir, empujados por una inquietud. El viaje ya no tiene secretos para mí.






Me encantas!!! Muxus
La vida real es multiforme. Ahora eres tú, con un año más de experiencia y viviendo unas circunstancias en las que tú eres la protagonista y tú todos los papeles secundarios. Cuando vuelvas aquí, seguirás siendo tú y, por supuesto, tu vida no será la misma que cuando te fuiste. El poso de todo lo vivido te acompañará y hará que tus decisiones siempre tengan una sombra de ese tiempo alemán. Te sentirás a gusto, ya lo verás. Besos.
Aita… Muy cierto todo lo que dices. Pues sí, el poso de lo vivido no es un poso sino que fluye conmigo y me va a hacer ver todo de distinta forma. Y sí, haré lo posible por estar a gusto.
Faltaría mais!!
Muaaaa!!!
Simplemente increíble. Tienes el don de la escrituraaaaaaaa. Mua
Ay mi Pat!!! ¡¡Qué sorpresa, bienvenida al bazar!! 4 DAYS LEFT, y ya me tenéis en Bilbao. Muuuua!!