Hay momentos que se tornan cómicos. Situaciones que de puro surrealistas nos hacen reír a carcajadas, en vez de pegar gritos de sorpresa. Ayer hubo dos momentos así. Y lo peor es que sucedieron al mismo tiempo, ya no sabías de qué troncharte exactamente.

Todo sucedió mientras Aya y yo esperábamos frente a la Sparkasse (caja de ahorros) a que las mañas y María sacaran dinero. Una escena normal, que se sucede semana tras semana… Hasta que un coreano se acercó a Aya. La conversación fue particularmente asiática, de esas que saldrían en películas alternativas y en versión original subtitulada. Vamos, un turre. Lo traduzco al español, pero imagínenselo en alemán con un fuerte soniquete oriental:

Coreano ajeno amigo de Aya: Hola…

Aya: ¡Hola! ¿Qué haces?

Coreano: Voy a sacar dinero.

Aya (pegada a la pared de la caja de ahorros): Ah, sí, claro, aquí.

Coreano, dándose cuenta de que quizá no vuelva a verla: Oye, ¿tienes msn o icq?

Aya: Sí (…) (Los puntos suspensivos los pongo yo)

Coreano: Mmmmmm… (Da la vuelta a la mochila y saca un papelito, el recibo de la compra).

Aya: Aaaaaaaaaaah, he entendido (a buenas horas has entendido que te está pidiendo el mail).

Mientras Aya apunta, coreano ajeno me mira, me escruta y dice:

- Tú… (yo con cara de “yo…”) ¿eres Ira?

Me quedé con cara de lela. ¿Cómo sabía mi nombre? Yo no le conocía de nada (creí). Y llamarme Ira… ¡¡Qué familiaridad!! Luego caí en la cuenta de que todos los japoneses, coreanos o chinos me llaman Ira porque Iraide les resultaba muy difícil.

Ira: ¡Sí, soy yo! Y tú, ¿quién (coj…) eres?

Ya me tenía mu’ mosca.

Coreano: Soy “Noemacuerdodesunombre”. Tienes el pelo diferente.

Ira: ¡¡Sí!! Me lo he dejado liso, jajaja, con las planchas (Ira intentando recordar cómo se dice dejar el pelo liso y haciendo el gesto de planchar pelo).

La conversación se detiene ahí. Me tuerzo levemente, y veo frente a mí a dos sonrientes y exaltadas alemanas con una bandeja de muffins: ¡¡Sólo un euro, sólo un euro!! Es para nuestra amiga, ¡¡se casa, se casa!! (Oh, no, otra maldita despedida de soltero cutre, todas las semanas igual. Menos por los muffins). A Aya la estaban asustando de pura insistencia. Lo noté cuando se puso a pegar grititos y me escaló la espalda con sus uñas pezuñas.

Ira (a las alemanas): Tiene miedo.

Alemanas simultáneas con muffins en la bandeja: Que no tenga miedo, venga, ¡¡tomad muffins!! ¿De dónde sois?

Mañas y María, que ya habían salido de la Sparkasse: De España.

Alemanas: ¡¡En España no hay muffins!!

Nosotras: Es que vamos a cenar ahora.

Alemanas: ¡¡Pues los muffins de postre!!

Nos acabaron convenciendo. Compramos dos muffins para cuatro, y Aya pasó de comer porque vino a la cena cenada. Explicación: ¡¡Vuestor horario español me exaspera, siempre quedáis tarde!! (21:30)

Mientras, el coreano seguía ahí. Me miró y me extendió el recibo de la compra, para que también le escribiera mi mail. Yo mientras tenía cara picassiana. Estaba aturullada de tanta situación inesperada. Así que empecé a escribir el mail. Para apoyar el papel, el chico usó su cartera. Loógico, porque justo iba a sacar dinero. Y yo… Yo cogí la cartera con ambas manos y escribí mi dirección. Mientras lo hacía, notaba que él agarraba un poco su monedero, no fuera que la española Ira se lo fuera a robar.

Una vez deletreado mi e-mail, me despedí. Se me queda mirando y dice: Estás… Muy guapa. Lo que triunfa el pelo liso, Dios mío. Así que, habiendo ligado con un coreano totalmente desconocido para mí y con un muffin en la mano, cuya mitad María devoró prestamente (tenía más hambre que un músico, que dice mi madre) nos dirigimos al Cheers, a seguir comiendo. :)