Ayer por la noche estaba con el portátil sobre la mesita auxiliar blanca donde cenamos y chateamos por igual. A veces, incluso, mi padre la coloca en forma de atril para leer el periódico, y yo se la quito en cuanto aparezco por la sala con un bocata de queso y jamón lleno de migas.

Tenía puesto “40 latino”, la emisora de los 40 que pone música en español. Me fijé en que en un videoclip de “El Arrebato” salía un china o japonesa adorable, y entonces ya miré el siguiente vídeo. Y de pronto, otro asiático. Me intrigó. Dos asiáticos seguidos en una emisora hispana son algo raro, y sobre todo que en la siguiente escena aparezca Huecco resulta bastante chocante. Y que de fondo suene una versión de la conocida canción de Pacherbell más.

Y entonces me acordé. Mi compañera de la radio me había hablado de esta canción. Era “Mirando al cielo”. Yo me quedé mirando a la pantalla. Después, se desencadenó un proceso inesperado. Me atrapó el vídeo, empaticé. Se me erizaron los pelos del brazo, y me entró una congoja horrible. Qué preciosidad de canción. Creo que, después de tanto romanticismo empalagoso, intelectual o aparentemente trascendental no esperábamos ni por asomo una gota de aire fresco que quitara de en medio el bochorno.

Huecco es esa gota, gorda y fría como las que me caían por las mejillas. La canción trata de un chico que se va a la guerra y se tiene que separar de su chica. Y la letra es la más sincera, la más auténtica que he oído, la que trasciende las excusas patrióticas, la que elimina todo sentido de pertenencia a una causa por la que morir: “Y que hago aquí, mirando al cielo, a 10.000 kilómetros de tus besos. (…) Si te echo de menos.”

Eso me pregunto yo: ¿qué hace el ser humano, para destrozarse así? ¿Para rechazar aquello que realmente ama, para sacrificarse en pos de una causa sin cara y sin nombre? ¿Qué hace el ser humano, que nace inocente y con ansias de conocer, de crear y de vivir, para calcinarse la vida? Sigo sin entenderlo. Fuera en el espacio reina el silencio, y parece que nosotros tuviéranos que impregnarnos del pegajoso petróleo de las aspiraciones, de las envidias, de los problemas.

Como diría Serrat, “solo vale la pena vivir para vivir”.

Os dejo el videoclip, lo vais a flipar: