Unexpected Septiembre 21, 2008
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Hoy he salido como manda un sábado, y he llegado a las 3, aunque parece que haya llegado a las 7, porque llevo desde las ocho y media fuera (horario alemán). El motivo… Hemos ido a ver el concierto de Marquess. No sé si recordáis el grupo alemán que pretendía cantar en español… Pues han estado en Würzburg. Mañana detallaré su actuación, que se las trae, y la fiesta posterior. Me gustaría escribir un artículo más largos, pero mis párpados son los de alguien recién levantado cuando aún no me he ido a dormir. Tomorrow queda mucho por hacer, y aún no he conseguido bolsas de cartón de tamaño medianamente decente para meter mis cosas
Narraré también hasta dónde he ido a por ellas, vais a flipar…
Gute Nacht a todos, buenas noches.
Ira
Los chicos del coro Septiembre 19, 2008
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Los chicos del coro es una película francesa que os recomiendo a todos. La vi hace unos cuantos años en el cine con mi padre -un 3 de enero, vacaciones de Navidad- y me emocionó tanto que me compré el CD a la vuelta de dichas vacaciones. Vois sur ton chemin, lumières oubliées, egarées, donne-leur la main pour les émener vers d’autre lendemain… No se me olvidaba la voz de crío que tenía Morhange, el protagonista, un niño rebelde al que uno de sus profesores le descubre, por arte de birlibirloque, una voz angelical, espléndida, que hacen que se ericen los pelos de la piel.
Y unido a esto, me he acordado del placer que experimentaba al cantar con el coro. Era una gozada empastar las voces, ver cómo quedaban todas las cuerdas conjugadas, sobre todo en canciones en las que iban a la vez -el contrapunto renacentista me parecía un coñazo, mientras que lo más cantabile me parecía una delicia. Estuve durante nueve años allí, y hubo una época en la que íbamos a concursos. Fuimos a Avilés (Asturias), a Autol (La Rioja), a Benasque (Huesca)… Todos los “choristes” en un autobús de dos pisos. El piso de abajo lo consagraban a los padres, que solían bufar a causa del cansancio y del calor. Y a veces el director nos mandaba sacar las partituras para ensayar durante el viaje, sin darse cuenta que los de los asientos delanteros (sopranos y contraltos) eran incapaces de oír a las tenoras (carecíamos de tenores, ellas se llevaban el mérito) y a los bajos. Era divertida, aquella época, y algún premio cayó, como por ejemplo en el concurso de Avilés, que quedamos terceros. Éramos jóvenes, yo tenía 12 años tan sólo, y desfilábamos nerviosos con nuestras camisas blancas y pantalones negros, vestidos como pingüinos. Qué de anécdotas guardo de aquella época.
El coro se llamaba Carpe Diem y estaba dividido en dos categorías: grupo oro y grupo plata. En el “plata” estaban los más pequeños. Yo estuve allí durante tres años, cantando canciones infantiles que sigo adorando, muchas de ellas de Jesús Guridi. Hablaban de la vacación, del verano y de sentimientos alegres. Con 11 años entré al grupo oro, en el que ya la dificultad de las partituras subía. Ahí ya se nos gritaba, increpaba y exigía, y un poco borregos transigíamos. Por suerte, el ambiente entre los compañeros era bueno y los resultados también.
Pero lo más bonito era nuestro nombre: éramos el coro Carpe Diem. Enarbolar ese título era un lujo, qué bien sonaba. Carpe Diem, pues, vivir el momento, como decía el profesor de El Club de los Poetas Muertos.
De vuelta a Los Chicos del Coro, os dejo aquí la canción que más se repite a lo largo de la película. Atentos a lo bien que canta Morhange
Búho Septiembre 19, 2008
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Soy un búho. Ayer me acosté a las cinco con intención de echar la siesta, y me he despertado a la una como si renaciera a una nueva mañana oscura y nocturna, con el consiguiente resultado de que son las cinco y no me puedo dormir. Tal era mi cansancio, que de madrugada he despertado feliz y embobada, con un montón de mensajes acumulados en ambos móviles y la sensación de haber descansado.
Y ahora soy un búho. Ululo a los ruidos tras la ventana, y escribo. Ya que el sueño no me atrapa porque me ha tenido sujeta demasiado tiempo, me deja suelta frente al cúmulo de horas que solemos dedicar a desaparecer. Y estas horas son, precisamente, las más adecuadas para hacer aquello que nos gustan, para desencadenarnos de las obligaciones que la rutina ha ido construyendo en torno a nosotros.
En este horario que más que alemán parece japonés -un saludo a los japoneses que ahora mismo estarán comiendo-, os actualizo la rutina futura que va a gobernar mis últimos días en Würzburg: limpiacristales, limpiabaños y limpiacocinas. Ayer a la mañana pasó por mi casa el Hausmeister (maestro de la residencia, o de la casa) y me entregó una lista con las tropecientas cosas que tengo que lavar, frotar y descolgar. Así que, mocho en mano y con música de acompañamiento, me dedicaré esplendorosa a la tarea. El miércoles, cuando duerma en mi colchón ergonómico, no me lo voy a creer
Aparte de eso, me preparo para la re-despedida de M. Ayer pasé por el Müller y estuve mirando cositas en la sección de papelería para comprarle alguna. ¡¡Cómo me entretuve!! Adoro los colores que gobiernan el mundo de las postales, los libros, los cuadernos… Hasta confetti encontré (que también lo compré). Pero lo más maravilloso de todo fue una máquina que no sé si estará en Bilbao, pero de la que quiero fardar. Abrid vuestros oídos porque…
Con solo meter la tarjeta de memoria de mi cámara en una ranura… Pude revelar fotos al instante y hasta cambiarles el color o recortarlas. Yo pensaba que me iban a dar un ticket o algo para llevarlas a un mostrador y que como mucho, me dirían: en una hora las tendrás, guapita. ¡¡Pero no!! Los alemanes no acostumbran a piropearte y además, de repente la máquina comenzó a emitir ruidos gástricos. Me llevé un susto, hasta que vi que las fotos iban cayendo una a una, un poco dobladitas como cuando doblas las cartas para hacer una torre con ellas.
Así que, tengo 28 fotos en mi haber y en papel, como a mí me gusta. Y, volviendo al tema del regalo de M… Tuve una revelación. Un peluchito adorable que me ha acompañado dondequiera que viajo pero que esta vez se ha quedado en Gorliz haciendo compañía al peluchito de mi hermana -del mismo género y color- se apareció replicado en Würzburg. Se trata de mi oveja Mapple, que compré en Frankfurt un 17 de noviembre. Cómo me alegró ver a su réplica clonada en Wü, como si fuera una Dolly cualquiera. No lo dudé un instante, y esta Mapple 2 es para M., para que se acuerde de mí, la alegre cuando esté triste y viaje con ella dondequiera que vaya, que seguro recorrerá mucho mundo.
Y esto es todo desde la morada del búho, el resto de la tarde ha estado acompañada de un sueño tan plácido como inesperado, desconocía esta capacidad para unir un día con otro.
We only say goodbye with words… Septiembre 17, 2008
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Hoy me he despedido de mi amiga Monika-Momo, la alemanita que conocí en Bilbao, porque ella estaba de Erasmus allí, y que es de aquí, de Würzburg. Hemos comido juntas, y al decirnos adiós ha dicho una cosa que comparto totalmente:
No quiero despedirme, que eso es muy feo. Y además, las cosas siempre vuelven al menos dos veces.
Y estoy muy de acuerdo. Los trenes no paran de pasar, en una rutina circular de un viaje que solo en apariencia va hacia delante. Siempre hay reencuentros, ya sea al norte o al sur. La tierra gira en torno a sí, y así todos nosotros, aunque nos alejemos en un principio, nos vemos juntos de nuevo con la fuerza del imán. Confío en encontrar a aquellos a los que quise, sé que el mundo no es tan grande y la vida larga.
—————————————– Por eso digo que: solo decimos “adiós” con palabras, pero nunca llega a consumarse.———————————————————-
Ayer María y yo fuimos al cumpleaños de otra María. Fue en su casa, y ahí nos encontramos con un amplio elenco de personajes, gente alemana, española… Gente apasionada por diferentes cosas, con un pasado sorprendente. Uno de mis colegas, por ejemplo, nos sorprendió sobremanera cuando nos contó que nació en el Kirgistán cuando aquello aún pertenecía a la URSS y que pasó un año en Siberia, con lo que además de alemán, inglés y español también sabe ruso.
Otro chico nos dejó pasmadas con su exhibición de conocimientos informáticos. Y mientras tanto, el sector bilingüe (varios alemanes y una polaca que hablan castellano a la perfección) nos entretuvieron imitando a un grupo musical de italianos que viven en alemania y pretenden cantar en español.
Un espectro de gente variopinta donde las haya que, junto con el saborcito del Federweiss, un vinito blanco joven que sabe a sidra y entra como el zumo, me hizo recordar lo a gusto que se está de Erasmus y la gente tan interesante que encuentras.
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El cursillo de francés ya ha atravesado el ecuador. Yo tengo un sueño del quince con eso de despertarme a las siete, pero estoy reajustando mi chip francófono. Entiendo todo mejor y el ser española me da ventajas. Digo las palabras a voleo y la mayoría de las veces cuela. Y en una semana, vuelvo a meine Heimatland (mi hogar).
Pero solo diré goodbye with words a Würzburg… Con la boca chica vaya.
Al norte del norte Septiembre 14, 2008
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Desde el norte, en este mundo que gira y gira alrededor de un sol, por lo cual siempre estamos viajando, veo los días pasar. He vuelto al norte del norte, a Alemania. A Würzburg, la ciudad impasible, el balneario, el bálsamo de tranquilidad. A mi habitación, cargada de más libros y más ropa de la que pensaba. A los autobuses, traqueteantes como siempre. A los restaurantes, y a las inevitables charlas con María. Porque una de las cosas más importantes es que ella también ha venido de su norte asturiano para unirse conmigo en esta otoñal Alemania.
Yo ando con abrigo, con boina, ataviada de invierno. Ella maldice el frío bajo su chaqueta vaquera. Y yo sonrío, y me sorprendo, de que la Tierra haya dado un giro completo alrededor del sol, desde que aquel 15 de setiembre, un domingo, comíamos un bocadillo de salchicha bratwurst, y después paseábamos por ciudad de fiesta. Desde que me fotografié frente al cartel de los helados, donde ofrecían tres bolas a dos euros. Cuatro estaciones, cuatro trechos que hemos andado juntas, pese a los viajes. Y ahora volvernos a ver, tras el verano.
Pero la vuelta trae cosas nuevas. No soy la misma. Me siento un poco rara aquí, después de todo el tiempo que he pasado en casa, con la familia; pero no la rareza de vivir solo por primera vez, la desazón y el vacío que en principio me producían. Ahora tengo un año más, el pelo dos palmos más largo, y conmigo ha venido una amiga, mi super-P de Patri, que desde el lunes hasta hoy me ha acompañado por tierras germanas. Hoy ha marchado en el tren ultrarrápido, y me ha gusto la despedida, porque me he despedido sonriendo, contenta de lo bien que nos lo hemos pasado. Hemos visto Rothenburg, ciudad en la que, cada vez que voy, descubro algo nuevo. Era mi cuarta vez allí, pero sigue sin cansarme. También hemos estado dos días en Munich, otro lugar que he pateado tropecientas veces este años, pero que a causa de su enormidad me sigue gustando -aunque me quedo con Berlín. Y hemos descansado, porque no había prisa por verlo todo, ya que Patri había estado aquí hace unos meses.
Hemos cenado en casa, hemos cenado en la calle, hemos leído, hemos jugado al ordenador… En definitiva, que lo hemos pasado pipa. Y ahora me quedan días que derrochar y disfrutar. Cinco de ellos haré un cursillo intensivísimo de francés por las mañanas: cinco horas al día para refrescar mis conocimientos. Y después de esas 5*5=25 horas de infarto, dedicaré los cinco días restantes a:
a) Redespedirme de gente.
b) Trabajar
c) Dormir
d) Limpiar mi piso y hacer papeleos
Y después… Una semanita de vacaciones en Bilbao y vuelta a la rutina universitaria. Por otro lado, ¡¡ya es hora, son ya 16 meses sin la rutina de Deusto!!
El bucle de la tortilla Septiembre 5, 2008
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Hoy me he levantado un poco más tarde, cosa que se agradece, y, después de acicalarme, desayunar y distraerme -más distraerme que desayunar-, he cogido el autobús a la universidad. Esta vez solo iba a realizar un trámite corto: este año van a conceder cuatro becas de colaboración con algún departamento de Filología Inglesa. Se supone que nosotros elegimos cuál es la labor que vamos a desempeñar en dichos departamentos, ya sean de literatura o lingüísitca -no sé si hay alguno más. El trabajo es de 15 horas semanales, pero por lo que nos han contado suelen ser menos.
Después de coger este papel, he ido hasta la plaza de San Felicísimo en Deusto. Ahí había quedado con mi amiga L. Nos conocimos con 10 años, en 5º de primaria, en el colegio. Congeniamos muy bien, aunque no nos parezcamos mucho. Ella estudia medicina y adora la historia; yo estudio filología inglesa y amo la psicología y la música. Su carácter es nervioso, yo voy con más tranquilidad por la vida. Pero es una amistad que no se desgasta. Aunque pasemos un par de meses sin vernos, en el reencuentro nada ha cambiado. Es de esas amistades perennes.
Total, que mi amistad perenne y yo hemos ido a La Salle, nuestro ex-colegio, a saludar a los profesores. Después de encontrar a algunos de ellos y ponerles al corriente de nuestras vidas, L. ha tenido una idea, a mi juicio, estupendísima: ir al café donde solíamos ir todos los de nuestro grupo en los recreos, ese maravilloso lugar donde nos servían un bocadillo de tortilla blandita, en su jugo, que llenaba nuestros buches y alzaba el alma hasta el techo.
Frente a la barra, he pedido dos mostos. Estoy a dieta de Coca-Cola y la he empezado a sustituir por el zumo de uva y por el agua, por eso de que en Würzburg me inflé un poquito y tengo que eliminar las consecuencias de tantos festines y cócteles. Y entonces, la camarara ha dicho una frase mágica: “TENEMOS TORTILLA, ¿EH?”
Me he quedado ojiplática. ¡Eso significaba que se acordaba de nosotras! De los miembros de ese grupo que día tras día se reunía en las mesas de ese bar con carita de sueño, palidez en las mejillas y ansiedad en los párpados. De aquellos infelices que deglutían con devoción esos bocatas de tortilla como si la vida les fuera en ello, y despotricaban de la lluvia bilbaína y de las soporíferas asignaturas que venían a continuación.
Se acordaba. Así que le he pedido un pinchito de tortilla, y L. se me ha unido. Qué buena. Blandita, sabrosa. La he devorado en un periquete. Y con nuestro mosto y nuestro platito vacío, testigo del efímero manjar, mi amiga y yo hemos estado una hora charlando, recordando, comentando nuestros problemas de hoy. Y mientras tanto, la dueña seguía en la cocina, entre tortillas, y su hija servía con su buen ánimo, sin ningún cambio que delatara el paso de los años en sus facciones.
Tan contentas, que sin querer nos han dado las dos y cuartos. Tan contentas, que hemos vuelto a pie a casa, rememorando los seis tediosos tramos de escaleras -L. los ha contado- que nos dejan directamente en nuestro barrio.
Mañana de recuerdos, de vuelta atrás en el tiempo. Mi vida es hoy día un continuo salto de un recuerdo más reciente a otro más antiguo. La nostalgia alemana, la nostalgia universitaria, la nostalgia escolar. Y me gusta.
Woooooo…My God!!!!!! Septiembre 3, 2008
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Hoy ha sido el reencuentro universitario, a un mes de empezar las clases.
¿Cómo así? Os preguntaréis. Pues.. Porque los Erasmus teníamos que hacer el examen de inglés, que no se nos convalidó al irnos un año al extranjero.
¿Y por qué no se convalidó? Os preguntaréis extrañados. Yo también me lo pregunto. Si has marchado a un país de habla inglesa, probablemente hayas vuelto con un nivel de inglés mayor que los que se han quedado. Pero claro, tal vez no, y han de cerciorarse. En mi caso, por ejemplo, la presencia del inglés se ha reducido al ámbito académico, y gracias a Dios, porque mi día a día estaba completamente alemanizado.
Total, que hemos hecho un examen inglés que, entre una cosa y otra, ha durado dos horas y media. Y a las dos de la tarde Arrate ha tenido una brillante idea: ¡¡ir a comer!! Nos hemos unido 7 a la propuesta, ha sido gracioso ver cómo llamábamos a nuestras respectivas familias para avisarles de que no iríamos a comer. Qué diferencia con el año pasado, cuando las sartenes y los cazos eran cosa nuestra
Por ese lado, me alegro de haber vuelto a casa. No podía soportar más mis dietas a base de tomate, huevo frito y patatas fritas -probad a tener una cocina tan minúscula sin separación alguna con tu cama y comprenderéis que cenara tanto fuera.
Así que hemos comido en amor y compañía compartiendo nuestras experiencias erasmusiles. Y me he sentido muy a gusto. Para empezar, porque aún queda un mes para empezar con el curso. Hasta el dos de octubre, me olvido. Segundo, porque me voy a Alemania el lunes y voy a pasar 15 estupendos días allí. Tercero, pensaba que iba sola a Würzburg, pero P., una de mis mejores amigas, viene conmigo. Y se queda de lunes a domingo. Y unas vacaciones con P. van a ser una gozada. Iremos de excursión, dormiremos un montón, saldremos a cenar por ahí y, con suerte, podremos unirnos a algunos de los que quedan. Ahora mismo no sé quiénes son.
Y, desde la uni, ya nos aparecen propuestas para este año y para el futuro. De pronto nos hablan de un máster a los Estados Unidos, y la adrenalina se me sube al cerebro. Es llegar, pisar la casa de una y ya le hablan de irse en un año. Nervios, intriga, dolor de barriga. Ya os contaré qué me cuentan, de momento voy a disfrutar del momento vacacional, bonito y descansado. Ir al cine, ir a cenar, ir a la radio sin tener que hacer radio, y rescatar los rayos de sol que le sobran al verano como páginas blancas de un cuaderno garabateado. Aquí dejo una foto de parte de los filólogos frikólogos. Como veis, chicas no faltan, y chicos no sobran








