Cuéntame más Marzo 21, 2009
Posted by thebazaarofarts in Littera, Personal, Vida cotidiana, pensamientos.15 comments
Ayer fue un día diferente. Aparte de tener fiesta y poder soñar todo lo que quise, que es lo que suelo hacer justo antes de despertar, probé cosas nuevas, como por ejemplo estirar mi ojo por arriba y por abajo para insertarme una lentilla de plástico blandurrio que se pegaba a mi mullido dedo corazón. Estoy harta de llevar gafas y he decidido probar el milagroso invento de ser miope sin que se note. A las seis de la tarde, después de ver Fama y postergar delante del ordenador el momento de vestirme, me decidí. Con la cara compungida y con miedo, avancé hacia la óptica. Me hicieron sentarme en una silla a esperar a que una señora, asesorada por su hija solícita, decidiera qué montura de gafas le convenía más. Después, la óptica me llevó a un pequeño mostrador con un grifito donde estaban los elementos necesarios: una lentilla de plástico, un bote enorme de líquido para lentillas, un espejo y mi ojo derecho. Hacer que mis pestañas se resistieran a caer ya fue una hazaña. Pero luego mi dedo corazón, que se acercaba a mi ojo sin piedad, tampoco se atrevía a rozarme. Temblaba y se desplazaba de mi campo de visión. Vaya, que al centro del ojo no iba ni p’atrás. Cada cinco minutos venía la buena mujer a preguntarme a ver qué tal me iba. Yo, con el ojo lleno de riachuelos rojizos, contestaba que poco a poco, hasta que la muchacha se dio cuenta de que el dedo no pasaba de los tres centímetros del globo ocular.
Pero, de pronto, lo logré. Sin saber cómo, la lentilla se había acoplado a mi iris y me había dejado la realidad borrosa. Con cara de perdida, buscaba en el espacio blanco y gafoso del local los rizos rojos de la óptica. Quería preguntarle si debía estirar mi ojo también para quitarme el apósito, o si la operación a lo Naranja Mecánica no era necesaria en el proceso de destape. El ojo izquierdo fue peor. Se cerraba gruñendo a cada momento, por mucho que yo intentara meter el dedo bien por debajo de las pestañas. Cuando la brisa de la calle me atizó en la cara, no me lo pude creer. Me sentía salvada de una nominación, o algo así. Me imaginaba a las potenciales Iraides sentadas luchando contra un ojo cauto y un dedo acusador. Como premio, fue a comprarme un libro a la librería de al lado. Son dos hechos que no tienen nada que ver, pero la realidad queda más redondita con el rollito estímulo malo – respuesta buena. Así, justificaba ante mí misma mi derroche en lecturas, a veces inconclusas.
Mereció la pena. La librera ha leído el mismo libro que estoy leyendo y que me llamó mucho la atención. Se llama “Lo que perdimos”, de Catherine O’Flynn. Esta novela fue rechazada por muchos editores, pero al fin una editorial pequeñita la aceptó y ha cosechado un montón de premios. Eso me hace reflexionar. ¿Qué significa, que los anteriores editores carecían de gusto y de repente el mundo ha recobrado la cordura? ¿Que los parámetros para juzgar un libro son muy subjetivos? No lo sé. El libro en sí me está gustando mucho por la temática que trata. Me pasó lo mismo con “La elegancia del erizo”, de Muriel Barbery, que trata de una niña perspicaz que observaba y veía con mucha nitidez la realidad a su alrededor. La protagonista de este libro es otra niña, llamada Kate, que investiga. Es una niña detective, algo que nunca había visto en novela. Seguiré avanzando, de momento he conseguido meterme en la historia, y eso que llevo un mes hiperestimulado por mil actividades distintas.
Pues bien, a la tarde-noche me fui con el libro en metro a mi querido pueblo, G. Y, frente a mí, había un matrimonio con dos hijas pequeñas. La mayor tendría 3 años, y la pequeña 2. Qué maravilla. Eran preciosas, morenas. Pero lo más curioso era la madre. Me hizo levantar la vista su entonación. ¡¡Estaba contando un cuento!! Y variaba las voces. Parecía articular con maestría la labor del cuentacuentos. Qué envidia. Primero Caperucita Roja, luego El Libro de la Selva, después La Cigarra y la Hormiga… Estuve un buen rato con la misma página del libro abierta. Me daba apuro mirarlos mucho rato, pero era una escena entrañable, sobre todo cuando el padre y la madre se pusieron a cantar cada uno un cuento.
Qué pena que se bajaran varias paradas antes que yo. Dejaron el andén solo con ruido de metro y con la única compañía del tapiz rojo de los asientos.

Te necesito, como a la luz del sol… Marzo 13, 2009
Posted by thebazaarofarts in Littera, Vida cotidiana, pensamientos.2 comments
Necesitaba la luz del sol. Los rayos que te abrasan los brazos y te dejan la cabeza amarilla y semi-dolorida. Las casas marrones de color otoño, las montañas con una onda verde bordeando la ladera. Y el cielo azul, comestible. Ese azul que pintan los niños en sus dibujos, sin ninguna nube anciana dando la matraca. Necesitaba el sol después de las mañanas de cuello cerrado, las paradas de autobús inhóspitas y el mango del paraguas mojado.
Hoy es un día alegre en Bilbao. Espero que se resista a anochecer, aunque aquí anochece en un plis-plás, sin gradación casi. De momento, a las siete de la tarde, el celeste gobierna nuestras baldosas grises, y la gente se menea inadaptada. Mangas cortas, hombres trajeados que no saben dónde esconder la bufanda, casas nevera, chaquetillas de entretiempo… Marzo nos ha pillado de sorpresa, aunque nos tememos que el tiempo se columpiará un poco más. Quizá en un par de días caigan chuzos, la semana que viene podamos ir a la playa… Quién sabe. Pero lo bonito ha sido tener un día como el de hoy. Saber que la primavera está marcada para la semana que viene, y que de postre tenemos -eso dicen- el verano.
He cambiado mi cara, mi textura, por la de los meses floridos. Esto es gloria.




