Trocitos de vida Noviembre 20, 2009
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Los días acumulan horas. Las horas descansos, concentración, risa, sueño, caras. Se ven tantas caras a lo largo del día que a veces pienso si no estarán repetidas. Sobre todo las del metro. Les falta barniz. Todas tienen el mismo color. La misma tez cenicienta. Tal vez sea la luz del techo. O la rutina. O el cansancio. Las mañanas son frías y huelen a ventana empañada. Las tardes suenan a maleta de cuero, a playeras mojadas, a varillas de paraguas.
Entre esos días me muevo yo, en una ciudad que camina hacia el mar. Qué bonito, el mar, por cierto. Hoy lo he visto desde la ventana del autobús en mi pueblo, y brillaba fluorescente, como si el cielo se reflejara en él. Además, las olas derramaban una espuma que daban ganas de sorber, y la arena estaba dura, empapada, lista para ser pisada por unos pies helados. Mientras tanto, anochecía en tonos azul eléctricos y algunos clavos blancos luminiscentes se enganchaban al cielo. El autobús era el sempiterno ronroneo, un quejido continuo, la tos del motor, la fiebre de la gasolina, el rechinar de las ruedas, el dolor del asfalto.
Y yo, sentada en el asiento de detrás del conductor, como una niña formal, con el abrigo rojo de cuadros negros, o negro de cuadros rojos, con esa bolsa de plástico beis a cuestas resbalándose sobre mis piernas. Tenía que ir a repartir panfletos para el maratón radiofónico del mes que viene. Ir de tienda en tienda y darles las hojas explicándoles de qué va y cómo pueden colaborar. Resulta que cada comercio puede entregar algún objeto -luego éstos se regalan a la gente-, y a cambio se les hace publicidad gratuita. No es un mal intercambio, pero recorrer las tiendas PIDIENDO da mucha vergüenza, así que voy a paso de tortuga. Le he pedido a A. que me ayude. Ir dos es menos vergonzoso que ir uno, y me siento fatal asaltando los comercios con mis inocentes papeletas
Así pues, la tarde no ha sido muy productiva, pero al menos he hecho dos felices viajes en metro intentando leer “Pantaleón y las visitadoras” (durante la ida) y escuchando mi disco favorito (“Mi plan”, de Nelly Furtado) a la vuelta. Después, he quedado con A., a quien le cuento mis males, mis alegrías, mis planes, mis avatares y con quien discuto los temas más variados (desde la importancia de la certificación de los productos antes de sacarlos al mercado hasta el incidente del Alakrana, pasando por las diferencias entre la educación actual y la de antaño). Por supuesto, todo esto mientras zampábamos una pizza
Este ha sido mi trocito de tarde-noche de hoy. Mañana ya es viernes y se acerca el universo del fin de semana, con un cumpleaños de por medio. ¡A ver qué me depara!
Aprender español puede ser tronchante Noviembre 18, 2009
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Desde que colaboro con Transket (un mercado de traducciones online), estoy leyendo cosas de lo más divertidas. Mi labor en la empresa es promocionarla, y para ello estoy conociendo a mucha gente del mundo de la traducción en Twitter. En cuanto disponen de tiempo libre, se enganchan a esta herramienta y mandan enlaces a artículos de prensa, vídeos, blogs, etc. Ayer uno me gustó, aunque no esté directamente relacionado con la traducción. Se trata de un vídeo en el que te enseñan a conjugar los verbos en español de forma divertida. Ha cuajado muy bien entre mis amigos “filólogo-frikólogos” del Facebook, así que os lo dejo aquí para que vuestras risas resuenen por la casa, muahahahaha…
Disparate Noviembre 18, 2009
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La vida, señores, es un disparate. Un bazar de eventos, de gente, de pensamientos, de relaciones, de vínculos, de hipervínculos, de conversaciones a medio labrar, de reflexiones, de análisis, de confesiones. Una fiesta de luces, del rojo al ámbar y luego al verde, de la tecla blanca a la negra, del rojo pasión al blanco etéreo. Esto es la vida, alfombra de mil texturas, caudal de días y de noches que se segregan automáticamente y en fila india.
Y por eso la vida tiene tanta gracia, porque lo trae todo mezclado. Las tristezas, los eventos, las sonrisas, los movimientos. Hoy aquí mañana allá; ayer amigos, mañana qui lo sá. Sólo que, como seres humanos tozudos que somos, creemos que el momento es culminante, que los problemas son perentorios y que cada paso nuestro es decisivo en esta merienda de locos.
Sólo al mirar hacia atrás es cuando nos damos cuenta de que la línea aparentemente recta de nuestra vida ha estado llena de curvas, de elipses, de redondeles, de espirales, de péndulos. Hemos sido bebés y hemos llorado sin saber de qué iba el juego. Hemos sido niños y creíamos que jamás nos preocuparíamos de las tonterías de los adultos; hemos sido adolescente y nuestros amigos parecían el asidero más importante; hemos ido creciendo y nuestra pareja parecía un bastión de supervivencia. Y mientras tanto, el disparate colándose entre las normas, las carcajadas entretejidas en el llanto, los sueños tosiéndole a la rutina.
¿Qué es la vida? Un disparate. Y los disparates, disparates son.
Os dejo un vídeo que os hará felices, me acordé de este anuncio cuando hablaron de él en el programa “Hablar por hablar”, de la Cadena SER:
Redacción de textos en internet Noviembre 17, 2009
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La semana ha entrado con buen pie. Después de un fin de semana colaborando en un corto, de ir a cenar rico y de tomar algo por ahí, grandes aficiones que conservo desde que traspasé la adolescencia y me volví un poco carroza (tengo 21, no os asustéis), me preparé para un lunes madrugador y ajetreado. Transket, la empresa de traducción en la que colaboro como Community Manager (difusora de sus servicios) me había pagado un curso de redacción de textos en internet, ya que mantener su blog con información actual es mi tarea más prioritaria.
El curso duraba 5 horas. Empezaba a las 9 muy cerquita de donde trabaja A., que aprovechó para llevarme y de paso desayunar conmigo
La verdad, estuve bastante entretenida durante el tiempo que duró la charla. Gabriel Olamendi, experto en marketing, había organizado una presentación en la que explicaba cuáles son los errores más frecuentes de las páginas web de las empresas, todos ellos relativos a la redacción o la maquetación.
Por ejemplo, una de las manías más terribles de muchas empresas es soltar una retahíla impresionante acerca de su organización y obviar lo fundamental, decir quiénes son y a qué se dedican. También recalcó que los títulos de los artículos no deben exceder las cinco palabras, y que en el cuerpo de los textos hay que evitar las frases y los párrafos largos, ya que los usuarios rechazan en un clic aquello que les aburre.
En cuanto a la maquetación, recomendó acudir a las fuentes de toda la vida (Verdana o Arial), emplear colores bien contrastados y, a ser posible, dividir la información de la página en tres columnas. Criticó la manía de usar el fondo gris en las páginas web, ya que contrasta muy mal con el negro, y también desaconsejó el uso de varias fuentes a la vez.
Por último, habló de la importancia la Web 2.0 para fidelizar al usuario: boletines de noticias, blogs, cuentas en Twitter, Facebook, etc. son una grandes herramientas para promocionar una marca.
En conclusión, todo lo que nos explicó alude al sentido común, pero hay muchas empresas que no lo aplican en sus páginas web. Una redacción descuidada, mala maquetación o imágenes poco explicativas son habituales en la página de muchas empresas, y no ayudan nada a que éstas sean reconocidas.
Ya os contaré qué tal con el blog de Transket después de haber refrescado mis conocimientos
Los paraguas de Bilbao Noviembre 15, 2009
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Es raro el día en que en Bilbao no haga falta un paraguas. Es un apéndice consustancial al bilbaíno. Pues bien, ayer no hacía falta porque desde el viernes el viento del sur nos mece los cabellos con su olor a flores. Sin embargo, lo tuvimos que sacar. ¿Para qué? Para un cortometraje sobre la nuestra ría.
Resulta que un amigo, estudiante de Comunicación Audiovisual, está participando en un concurso de cortos junto a varios compañeros de su clase, y nos pidió que hiciéramos de extras. Así que allí nos plantamos A. y yo, junto con dos amigos más (y otras personas a las que no conocíamos) y nos pusimos a cruzar la Gran Vía de Bilbao en paraguas (seis de la tarde, sábado, Corte Inglés, hora punta). La escena era cómica porque no llovía, pero ellos nos aseguraron que no pasa nada, que con los efectos especiales las calles se inundarán y del cielo caerán chuzos, por lo que la ciudad recobrará su apariencia habitual.
La gente debía de estar flipando. Es una esquina de la calle varios chavales con la cámara sobre el trípode, grabando a un grupo de señoras y de jóvenes que caminaban como transeúntes normales paraguas en mano, mientras el resto de los ciudadanos seguían atareados con sus compras. Hubo gente que quiso colaborar con nosotros en la grabación y se sumaron al bullicio, otros que se colaron directamente en mitad de la toma y provocaron mis carcajadas, y también adolescentes que querían hacer de extras pero que se morían de la vergüenza de hablar con nuestro colega, el director del corto.
En fin, la colaboración fue muy breve pero nos lo pasamos pipa. Además, la ventaja de estar en pleno centro de la city fue que después tomamos un cafecito (como Dios manda), y más adelante nos fuimos a cenar por ahí.
Ya os avisaré cuando el corto esté montado, tengo muchas ganas de ver cómo les ha quedado. De momento sólo sé que trata de las inundaciones de Bilbao, es toda la información que tengo.

:) Una escultura de un concurso, paradigma de Bilbao
Autobús Noviembre 10, 2009
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Los viajes en los autobuses rojos bilbaínos, cuyo “original” nombre es Bilbobús, dan para muchísimo. Sirven para meditar, leer, escuchar música, mojarte con tu propio paraguas y con el paraguas del vecino, enfadarte, encontrarte con gente, despotricar, contemplar las obras y un largo etcétera de actividades pasivas.
Hoy he vuelto a montarme en uno de ellos. Cómo adoro ese meneo naranja de su luz frontal derecha, cuando indican que van a parar diligentes para que tú montes. En eso superan con creces a los autobuses alemanes, que más bien invadían chirriantes la parada, y si podían te pillaban a ti por medio. Pues bien, hoy me ha tocado el autobús tartamudo. Al principio he achacado su absoluta falta de fluidez a la lluvia y al frío (bah, eso es que los frenos los tiene congelados, o que está manteniendo mal el embrague…), pero cuando cada vez que el autobús estaba parado al armatoste le entraba una temblequera anormal no he podido evitar diagnosticarle tartamudez. Hemos ido trabándonos en cada semáforo en rojo y en cada parada, y han sido unos cuantos, así que he agradecido llegar a mi destino a pesar del tiempo de M que hace estos días.
Mi destino era la universidad, para preguntar algunas cuestiones relativas al máster que menciono en el artículo anterior. Mi uni ya no es lo que era. Está enferma. Tiene Plan E, como toda la ciudad, y esta pandemia es mucho más severa que la gripe A. Se manifiestó hace un año ya, con unas pequeñas excavaciones en las afueras de la ciudad. “Nada graves”, pensamos. “Esto servirá para arreglar los desperfectos de Bilbao y dejarlo más turístico si cabe”, creímos jactanciosos. Después, en verano, descubrimos que parques, rotondas, carreteras y plazas estaban sufriendo la misma suerte. “Bueno, qué importa, en verano todo el mundo se ha ido”. Sin embargo, es noviembre y la epidemia ha recubierto todo el mapa. La capital está levantada, pero también los pueblos colindantes. Las calles de los barrios son un conglomerado amarillo de zanjas y vallas, las carreteras un amasijo de obreros dirigiendo el tráfico, las plazas libres de aparcamiento un sueño irreal, y los peatones unos equilibristas con paraguas.
Hoy, al salir de la uni, me he quedado aturdida. En el centro de la ciudad se erige la torre de Iberdrola, que cada día emprende su ascensión, en un intento de retar de nuevo a Dios después de la fanfarronada de Babel. Frente a ella, se levantan nuevos edificios fantasmales esperando futuros dueños hipotecados. Más allá, la Gran Vía desaparece bajo el peso de los taladros, y cerca San Mamés se yergue pidiendo reforma.
En conclusión, la ciudad es un caos de coches, autobuses, pavimento gris y un cielo todavía más gris. Un día sacaré la cámara de fotos para mostrar cómo está siendo la renovación. Ya no sé si es por el Plan E o por qué, pero la fiebre de hacer obras se le ha contagiado a todo el mundo a la vez. ¿Qué tal vuestras ciudades, también están en fase de mutación?
Another Monday Noviembre 9, 2009
Posted by thebazaarofarts in Actualidad, Personal, Vida cotidiana, Vida no cotidiana, pensamientos.3 comments
¡Buenas tardes! Comienza la semana con un nuevo lunes. No sé vosotros, pero yo este día de la semana me lo imagino gris clarito, con el tacto frío y galáctico de la luna. Los martes, en cambio, son naranjas, y los miércoles achispados y rojos, como Mercurio. Veo los días de la semana por colores. Los jueves siempre han sido del color de los Plastidecor verde oscuro, y creo que el paso de los años no cambiará esto.
Hoy es un buen lunes, ya que viene precedido de un fin de semana estupendo. Para empezar, A. y yo celebramos que hace tres años, esto es, poco más de mil días atrás, empezamos a salir, y lo hicimos con una excelente y opípara cena (a los que me conocéis no os extraña, jeje). Segundo, a A. se le ocurrió sorprenderme con el regalo más ultra-hiper-mega-fascinante del mundo: ¡¡una tableta digital!! Nunca pensé que esa cosita tan mona, plateada y cuadrada, fuera a hacerme tan feliz. Gracias a ella puedo dibujar como si lo hiciera sobre el papel, y lo mejor es que incluye unos programas en los que se pueden emular un montón de materiales: Acuarela, pastel, óleo… En cuanto llegué a casa el viernes, me puse a trastear con la tableta, y anoche me dieron las dos y media haciendo dibujos y retocando fotos. ¡Me lo estoy pasando como una enana!
Mi devoción por la tableta digital fue la consecuencia de mis ganas de hacer ilustraciones para cuentos. Mis aficiones van rotando en círculo y la de dibujar la arrastro desde la infancia. El problema era que no tenía materiales, así que dejé el tema un poco aparcado. Sin embargo, ahora la tableta me acompaña, y puedo jugar con ella todo lo que quiera. Por mi cabeza vuelan disparatadas ideas de cuentos y álbumes ilustrados, pero de momento me conformo con ir conociendo los programas, perfeccionando los dibujos y, si me queda algo chulo, ir enseñándolo aquí
¡Feliz lunes!

En las aguas del Índico, un barco… Noviembre 6, 2009
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Seguro que muchos estáis al tanto del secuestro del “Alakrana”, el atunero que fue secuestrado por piratas somalíes cuando faenaba por las aguas del Índico. Ya son muchos los días que han pasado desde entonces y la situación es de absoluta tensión. Los secuestradores no conocen de límites en su chantaje, y ahora han llevado a tierras somalíes a tres de los miembros de la tripulación para exigir que devuelvan a dos de sus compañeros, detenidos por la Justicia española. Además, han amenazado con matarles y después matar a otros tres si su petición no se cumple.
La situación, por lo tanto, se está tornando escalofriante. Ayer escuché la conversación telefónica que mantuvo Iñaki Gabilondo en con el patrón del “Alakrana” en Cuatro, y la sensación general que transmitió a todas las televisiones era de impotencia. Los piratas no era precisamente civilizados: Bebían, se pegaban, amenazaban… Y además, estaban quedándose sin agua y cada vez disponían de menos víveres. La verdad, admiré su capacidad de articular las palabras por teléfono, yo no hubiera podido.
Supongo que a Gabilondo también le tuvo que resultar duro ese ejercicio periodístico. Tener la posibilidad de informar a la audiencia, pero no de actuar, ni de remediar, es frustrante. El patrón del “Alakrana” pedía que liberasen a los detenidos somalíes, o al menos que los sacaran de España, y cada vez estoy más de acuerdo con su postura. Preferiría ceder a ese chantaje antes de tener que lamentar la muerte de todos esos pesqueros. Sin embargo, esa no es la postura de Constantino Méndez, el secretario de Estado de la Defensa. Dice que la liberación de los presos no es negociable, y que la llevada a tierra de los tres tripulantes sólo forma parte de la extorsión. También dice que el clan pirata que detiene el “Alakrana” ya detuvo, con las mismas estrategias, un buque alemán. Con todo, yo no estaría tan convencida de que fueran a repetir el mismo patrón. ¿Van a ponerlo todo tan fácil? No son gente que reflexione demasiado, creo, o al menos no tienen mucho que perder.
Mientras tanto, los atuneros siguen ahí, secuestrados en el mar. No sé qué sucederá, pero espero que no tengamos que lamentar las muertes de esta pobre gente
La vida sin música, la vida peor Noviembre 5, 2009
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Creo que la vida sin música no puede desarrollarse de forma adecuada. La música es un aporte vitamínico que necesitamos para liberar tensiones, para dirigir nuestro caudal emocional, para entrenar nuestro cuerpo, para dejar de atosigarnos con la batería de nuestros pensamientos y para recordar.
Sin las canciones, nos faltarían referencias. ¿Cómo recordar al niño que saltaba a la comba sin el sonsonete de “al cocherito leré, me dijo anoche leré”, que no tenía ningún significado descifrable? ¿Cómo retener en la memoria los nervios de nuestro primer amor si no es recuperando el juego de “al conejo de la suerte que se ha escapado este mediodía a la hora de comer”? Anda, que las letras también…
¿Cómo evocar a nuestros amigos borrachos si no es con el mítico “alcohoool, alcohool, alcohooool… Hemos venido a emborracharnos, el resultado nos da iguaaaal”? No, no era igual y ellos lo sabían: Después toda la efervescencia se les iba por la boca y había que sujetarlos para que cayeran sobre el suelo, habitualmente mojado. ¿Cómo recordar nuestras tardes de baile adolescente si faltara aquella música zafia y deslenguada, publicitada como reggaetón? “Dale morena, vamos a fuegote… Perreo pa’ los nenes, perreo pa’ las nenas…” ¿Qué c*** era eso? ¿Qué apología machista se infiltró en aquellas fiestas adolescentes?
Hay canciones que nos unen a todos, que han condicionado nuestra vida en todas las partes del mundo, como el “cumpleaños feliz”, una de las melodías más tocadas en el piano que conozco. Otras nos han afectado a nivel local y no han provocado el resultado esperado cuando las hemos cantado extramuros. Por ejemplo, el “Athletic gorri ta zuria” fuera de Bilbao nunca será recibido con una salva de aplausos aunque pensemos que es el mejor equipo del mundo (bueno, ya ni eso).
Y hay canciones que tienen su repercusión individual. La mía es la “Lambada”. Es la única canción en portugués que me sé, aparte de una de Nelly Furtado cuando me empollé su primer disco. ¿Por qué la “Lambada”? Por una mezcla de recuerdos. El más importante, el camping tarragonés al que estuve acudiendo durante varios años. De verdad, aquel lugar era como la peli “EL Show de Truman”, te metías en él y se te olvidaban las demás ciudades. ¡Era como las ciudades de juguete! Tenía su supermercado, su restaurante, su piscina, su playa, todo con sus etiquetitas puestas, y con un aire exótico que te hacía pensar que estabas en alguna isla hawaiana bailando el hula-hula. Además de los lugares que he mencionado, había también una colección de tiendas de campaña, bungalows y casetas impresionante, divididas en calles con nombres de ciudades. Tengo el orgullo de decir que nosotros siempre nos colocábamos en “Anberes” o en “Berna”. Colocarte en “Lisboa” o “Lugano”, las calles más alejadas del centro del camping, era condenarte al destierro, privarte de comodidades, o al menos así lo veía yo con seis años.
Aquel camping tenía también una pista de baile en la que niños y adultos ensayábamos nuestras coreografías. No recuerdo la música que ponían, pero la “Lambada” invade toda la atmósfera de aquel camping
Puede ser porque por la época tuve una peonza verde luminosa que, cuando iniciaba su paroxismo giratorio, ejecutaba la bonita melodía. Es probable, aunque también cabe la posibilidad de que la peonza llegara después de aquello. Los recuerdos nunca son puzzles perfectos, actúan más bien como el cesto de la ropa sucia (lo mezclan todo).
Desde entonces, cada vez que escucho la “Lambada” se me ilumina la cara. Cuando tuve internet, fue una de las primeras canciones que escuché. ¡La había rescatado del olvido, fue como recuperar un olor que nos hubieran arrebatado hace mucho tiempo!
De esta forma también recuperé el recuerdo de aquel camping, al que no voy desde hace ocho años y al que estoy deseando ir. Ya no como la niña que se entretenía comprando libros en el supermercado o haciendo amigos en los columpios, sino como la adulta que sabe vivir bien
Un bungalow, la playa, buena compañía, un buen libro, tomar algo por la noche en una terraza y cenar bien en un restaurante, todo aderezado con una incursión por Cambrils y Port-Aventura son suficientes para mí
Aquí os dejo la “Lambada”, ¡feliz mañana!
Curso del 63 Noviembre 4, 2009
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Me encanta observar a la gente. Ver cómo actúa ante determinadas circunstancias, cómo interactúa con los de su entorno, qué rol adquiere, qué actitudes adopta frente a cada persona. Por eso, todos los martes a las diez mis zapatillas de estar por casa se dirigen hacia la tela amarronada-granate del sofá de la sala y se hunden en ella. Empieza “Curso del 63″, el único programa de la temporada al que me he enganchado, aparte de “Vaya Semanita” (por favor, tenéis que verlo a través de Youtube, no tiene pérdida).
“Curso del 63″ es un reality en el que trasladan a veinte jóvenes de ahora a vivir la experiencia de sumergirse en la década de los 60, cuando este país aún sufría la deshumanizadora presión de la dictadura y la libertad de pensamiento era una provocación. El programa dio juego desde el principio, ya que seleccionaron con lupa a aquellos chavales de entre 18 y 19 años: Cogieron al prototipo de macarra, al de arpía, al de portera, al de chulito, al de histriónica, etc. Sobre todo, a jóvenes que ni estudian ni trabajan, que están repitiendo o que no han llegado a sacarse el graduado escolar. No quiero decir que quien deja de estudiar sea un holgazán -hay miles de motivos para dejar de hacerlo-, pero es innegable que la elección de estos chicos y chicas ha respondido a unos cánones concretos para que den juego. Nada de estudiantes modelo o “empollones”, porque serían un coñazo. Sólo se les escapó una chica, una tal Claudia, que parece la hija guapa de la familia Monster. Formal y estudiosa, no he oído mencionar su nombre ni una vez. De hecho, la cámara pasa olímpicamente de enfocarla. La verdad es que me da un poco de pena. Ella ha dejado Magisterio para ser actriz y va a un programa en el que no la sacan… ¡Por ser modélica! Es un poco irónico, lo de este programa, sí.
Aparte de observar cómo estos jóvenes se bandean, también he podido asistir a la vida en el año 63. Aunque muchos jóvenes de ahora hayan caído en el extremo de ser desobedientes, indisciplinados, contestones y agresivos, no quiere decir que la educación rayana en lo alienante de los años 60 fuese la panacea. La obediencia incuestionada a cualquier mandato era la única premisa, y eso no crea seres humanos, produce soldaditos de plomo que desfilan asustados. Mis padres, que han visto “Curso del 63″, evocan aquella época que les tocó vivir y la cantidad de prohibiciones y tabúes que había entonces. Tabúes en la educación, en la familia, un imperante machismo… Este reality también nos hace cuestionarnos por qué este país se tuvo que ver forzado a semejante atraso e hipocresía, por qué hay que consentir sociedades cegadas por el miedo y la ignorancia.
En cuanto a los jóvenes de ahora, me entra la tentación de generalizar, como a otras tantas personas. Es oír juventud y empezar a despotricar. Sí que es verdad que la tónica general, incluso en la gente estudiosa y formal, es ser más vago, más egoísta, más contestón y más malhablado. El distanciamiento con los padres y los profesores ha disminuido y esto hace que nos tomemos unas licencias -hoy toleradas- que antes se hubieran castigado duramente. También hay cierto que hay personas de mi edad y más jóvenes que, no sé si a raíz de la falta de disciplina o de motivación, han caído en una pasividad absoluta. Gente sin intereses, sin proyectos, sin entusiasmo.
Podríamos seguir hablando todo el día sobre la juventud actual, así que estáis invitados a dejar vuestros comentarios. ¿Qué os parece la educación actual? ¿Falla algo en ella? ¿Y los jóvenes de ahora? ¿Están cada vez peor, como solemos decir?





