Autobús Noviembre 10, 2009
Posted by thebazaarofarts in Actualidad, Universidad, Vida, Vida cotidiana, Vida no cotidiana, viajes.Tags: bilbao, obras, viaje en autobús
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Los viajes en los autobuses rojos bilbaínos, cuyo “original” nombre es Bilbobús, dan para muchísimo. Sirven para meditar, leer, escuchar música, mojarte con tu propio paraguas y con el paraguas del vecino, enfadarte, encontrarte con gente, despotricar, contemplar las obras y un largo etcétera de actividades pasivas.
Hoy he vuelto a montarme en uno de ellos. Cómo adoro ese meneo naranja de su luz frontal derecha, cuando indican que van a parar diligentes para que tú montes. En eso superan con creces a los autobuses alemanes, que más bien invadían chirriantes la parada, y si podían te pillaban a ti por medio. Pues bien, hoy me ha tocado el autobús tartamudo. Al principio he achacado su absoluta falta de fluidez a la lluvia y al frío (bah, eso es que los frenos los tiene congelados, o que está manteniendo mal el embrague…), pero cuando cada vez que el autobús estaba parado al armatoste le entraba una temblequera anormal no he podido evitar diagnosticarle tartamudez. Hemos ido trabándonos en cada semáforo en rojo y en cada parada, y han sido unos cuantos, así que he agradecido llegar a mi destino a pesar del tiempo de M que hace estos días.
Mi destino era la universidad, para preguntar algunas cuestiones relativas al máster que menciono en el artículo anterior. Mi uni ya no es lo que era. Está enferma. Tiene Plan E, como toda la ciudad, y esta pandemia es mucho más severa que la gripe A. Se manifiestó hace un año ya, con unas pequeñas excavaciones en las afueras de la ciudad. “Nada graves”, pensamos. “Esto servirá para arreglar los desperfectos de Bilbao y dejarlo más turístico si cabe”, creímos jactanciosos. Después, en verano, descubrimos que parques, rotondas, carreteras y plazas estaban sufriendo la misma suerte. “Bueno, qué importa, en verano todo el mundo se ha ido”. Sin embargo, es noviembre y la epidemia ha recubierto todo el mapa. La capital está levantada, pero también los pueblos colindantes. Las calles de los barrios son un conglomerado amarillo de zanjas y vallas, las carreteras un amasijo de obreros dirigiendo el tráfico, las plazas libres de aparcamiento un sueño irreal, y los peatones unos equilibristas con paraguas.
Hoy, al salir de la uni, me he quedado aturdida. En el centro de la ciudad se erige la torre de Iberdrola, que cada día emprende su ascensión, en un intento de retar de nuevo a Dios después de la fanfarronada de Babel. Frente a ella, se levantan nuevos edificios fantasmales esperando futuros dueños hipotecados. Más allá, la Gran Vía desaparece bajo el peso de los taladros, y cerca San Mamés se yergue pidiendo reforma.
En conclusión, la ciudad es un caos de coches, autobuses, pavimento gris y un cielo todavía más gris. Un día sacaré la cámara de fotos para mostrar cómo está siendo la renovación. Ya no sé si es por el Plan E o por qué, pero la fiebre de hacer obras se le ha contagiado a todo el mundo a la vez. ¿Qué tal vuestras ciudades, también están en fase de mutación?
Another Monday Noviembre 9, 2009
Posted by thebazaarofarts in Actualidad, Personal, Vida cotidiana, Vida no cotidiana, pensamientos.3 comments
¡Buenas tardes! Comienza la semana con un nuevo lunes. No sé vosotros, pero yo este día de la semana me lo imagino gris clarito, con el tacto frío y galáctico de la luna. Los martes, en cambio, son naranjas, y los miércoles achispados y rojos, como Mercurio. Veo los días de la semana por colores. Los jueves siempre han sido del color de los Plastidecor verde oscuro, y creo que el paso de los años no cambiará esto.
Hoy es un buen lunes, ya que viene precedido de un fin de semana estupendo. Para empezar, A. y yo celebramos que hace tres años, esto es, poco más de mil días atrás, empezamos a salir, y lo hicimos con una excelente y opípara cena (a los que me conocéis no os extraña, jeje). Segundo, a A. se le ocurrió sorprenderme con el regalo más ultra-hiper-mega-fascinante del mundo: ¡¡una tableta digital!! Nunca pensé que esa cosita tan mona, plateada y cuadrada, fuera a hacerme tan feliz. Gracias a ella puedo dibujar como si lo hiciera sobre el papel, y lo mejor es que incluye unos programas en los que se pueden emular un montón de materiales: Acuarela, pastel, óleo… En cuanto llegué a casa el viernes, me puse a trastear con la tableta, y anoche me dieron las dos y media haciendo dibujos y retocando fotos. ¡Me lo estoy pasando como una enana!
Mi devoción por la tableta digital fue la consecuencia de mis ganas de hacer ilustraciones para cuentos. Mis aficiones van rotando en círculo y la de dibujar la arrastro desde la infancia. El problema era que no tenía materiales, así que dejé el tema un poco aparcado. Sin embargo, ahora la tableta me acompaña, y puedo jugar con ella todo lo que quiera. Por mi cabeza vuelan disparatadas ideas de cuentos y álbumes ilustrados, pero de momento me conformo con ir conociendo los programas, perfeccionando los dibujos y, si me queda algo chulo, ir enseñándolo aquí
¡Feliz lunes!

En las aguas del Índico, un barco… Noviembre 6, 2009
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Seguro que muchos estáis al tanto del secuestro del “Alakrana”, el atunero que fue secuestrado por piratas somalíes cuando faenaba por las aguas del Índico. Ya son muchos los días que han pasado desde entonces y la situación es de absoluta tensión. Los secuestradores no conocen de límites en su chantaje, y ahora han llevado a tierras somalíes a tres de los miembros de la tripulación para exigir que devuelvan a dos de sus compañeros, detenidos por la Justicia española. Además, han amenazado con matarles y después matar a otros tres si su petición no se cumple.
La situación, por lo tanto, se está tornando escalofriante. Ayer escuché la conversación telefónica que mantuvo Iñaki Gabilondo en con el patrón del “Alakrana” en Cuatro, y la sensación general que transmitió a todas las televisiones era de impotencia. Los piratas no era precisamente civilizados: Bebían, se pegaban, amenazaban… Y además, estaban quedándose sin agua y cada vez disponían de menos víveres. La verdad, admiré su capacidad de articular las palabras por teléfono, yo no hubiera podido.
Supongo que a Gabilondo también le tuvo que resultar duro ese ejercicio periodístico. Tener la posibilidad de informar a la audiencia, pero no de actuar, ni de remediar, es frustrante. El patrón del “Alakrana” pedía que liberasen a los detenidos somalíes, o al menos que los sacaran de España, y cada vez estoy más de acuerdo con su postura. Preferiría ceder a ese chantaje antes de tener que lamentar la muerte de todos esos pesqueros. Sin embargo, esa no es la postura de Constantino Méndez, el secretario de Estado de la Defensa. Dice que la liberación de los presos no es negociable, y que la llevada a tierra de los tres tripulantes sólo forma parte de la extorsión. También dice que el clan pirata que detiene el “Alakrana” ya detuvo, con las mismas estrategias, un buque alemán. Con todo, yo no estaría tan convencida de que fueran a repetir el mismo patrón. ¿Van a ponerlo todo tan fácil? No son gente que reflexione demasiado, creo, o al menos no tienen mucho que perder.
Mientras tanto, los atuneros siguen ahí, secuestrados en el mar. No sé qué sucederá, pero espero que no tengamos que lamentar las muertes de esta pobre gente
La vida sin música, la vida peor Noviembre 5, 2009
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Creo que la vida sin música no puede desarrollarse de forma adecuada. La música es un aporte vitamínico que necesitamos para liberar tensiones, para dirigir nuestro caudal emocional, para entrenar nuestro cuerpo, para dejar de atosigarnos con la batería de nuestros pensamientos y para recordar.
Sin las canciones, nos faltarían referencias. ¿Cómo recordar al niño que saltaba a la comba sin el sonsonete de “al cocherito leré, me dijo anoche leré”, que no tenía ningún significado descifrable? ¿Cómo retener en la memoria los nervios de nuestro primer amor si no es recuperando el juego de “al conejo de la suerte que se ha escapado este mediodía a la hora de comer”? Anda, que las letras también…
¿Cómo evocar a nuestros amigos borrachos si no es con el mítico “alcohoool, alcohool, alcohooool… Hemos venido a emborracharnos, el resultado nos da iguaaaal”? No, no era igual y ellos lo sabían: Después toda la efervescencia se les iba por la boca y había que sujetarlos para que cayeran sobre el suelo, habitualmente mojado. ¿Cómo recordar nuestras tardes de baile adolescente si faltara aquella música zafia y deslenguada, publicitada como reggaetón? “Dale morena, vamos a fuegote… Perreo pa’ los nenes, perreo pa’ las nenas…” ¿Qué c*** era eso? ¿Qué apología machista se infiltró en aquellas fiestas adolescentes?
Hay canciones que nos unen a todos, que han condicionado nuestra vida en todas las partes del mundo, como el “cumpleaños feliz”, una de las melodías más tocadas en el piano que conozco. Otras nos han afectado a nivel local y no han provocado el resultado esperado cuando las hemos cantado extramuros. Por ejemplo, el “Athletic gorri ta zuria” fuera de Bilbao nunca será recibido con una salva de aplausos aunque pensemos que es el mejor equipo del mundo (bueno, ya ni eso).
Y hay canciones que tienen su repercusión individual. La mía es la “Lambada”. Es la única canción en portugués que me sé, aparte de una de Nelly Furtado cuando me empollé su primer disco. ¿Por qué la “Lambada”? Por una mezcla de recuerdos. El más importante, el camping tarragonés al que estuve acudiendo durante varios años. De verdad, aquel lugar era como la peli “EL Show de Truman”, te metías en él y se te olvidaban las demás ciudades. ¡Era como las ciudades de juguete! Tenía su supermercado, su restaurante, su piscina, su playa, todo con sus etiquetitas puestas, y con un aire exótico que te hacía pensar que estabas en alguna isla hawaiana bailando el hula-hula. Además de los lugares que he mencionado, había también una colección de tiendas de campaña, bungalows y casetas impresionante, divididas en calles con nombres de ciudades. Tengo el orgullo de decir que nosotros siempre nos colocábamos en “Anberes” o en “Berna”. Colocarte en “Lisboa” o “Lugano”, las calles más alejadas del centro del camping, era condenarte al destierro, privarte de comodidades, o al menos así lo veía yo con seis años.
Aquel camping tenía también una pista de baile en la que niños y adultos ensayábamos nuestras coreografías. No recuerdo la música que ponían, pero la “Lambada” invade toda la atmósfera de aquel camping
Puede ser porque por la época tuve una peonza verde luminosa que, cuando iniciaba su paroxismo giratorio, ejecutaba la bonita melodía. Es probable, aunque también cabe la posibilidad de que la peonza llegara después de aquello. Los recuerdos nunca son puzzles perfectos, actúan más bien como el cesto de la ropa sucia (lo mezclan todo).
Desde entonces, cada vez que escucho la “Lambada” se me ilumina la cara. Cuando tuve internet, fue una de las primeras canciones que escuché. ¡La había rescatado del olvido, fue como recuperar un olor que nos hubieran arrebatado hace mucho tiempo!
De esta forma también recuperé el recuerdo de aquel camping, al que no voy desde hace ocho años y al que estoy deseando ir. Ya no como la niña que se entretenía comprando libros en el supermercado o haciendo amigos en los columpios, sino como la adulta que sabe vivir bien
Un bungalow, la playa, buena compañía, un buen libro, tomar algo por la noche en una terraza y cenar bien en un restaurante, todo aderezado con una incursión por Cambrils y Port-Aventura son suficientes para mí
Aquí os dejo la “Lambada”, ¡feliz mañana!
Curso del 63 Noviembre 4, 2009
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Me encanta observar a la gente. Ver cómo actúa ante determinadas circunstancias, cómo interactúa con los de su entorno, qué rol adquiere, qué actitudes adopta frente a cada persona. Por eso, todos los martes a las diez mis zapatillas de estar por casa se dirigen hacia la tela amarronada-granate del sofá de la sala y se hunden en ella. Empieza “Curso del 63″, el único programa de la temporada al que me he enganchado, aparte de “Vaya Semanita” (por favor, tenéis que verlo a través de Youtube, no tiene pérdida).
“Curso del 63″ es un reality en el que trasladan a veinte jóvenes de ahora a vivir la experiencia de sumergirse en la década de los 60, cuando este país aún sufría la deshumanizadora presión de la dictadura y la libertad de pensamiento era una provocación. El programa dio juego desde el principio, ya que seleccionaron con lupa a aquellos chavales de entre 18 y 19 años: Cogieron al prototipo de macarra, al de arpía, al de portera, al de chulito, al de histriónica, etc. Sobre todo, a jóvenes que ni estudian ni trabajan, que están repitiendo o que no han llegado a sacarse el graduado escolar. No quiero decir que quien deja de estudiar sea un holgazán -hay miles de motivos para dejar de hacerlo-, pero es innegable que la elección de estos chicos y chicas ha respondido a unos cánones concretos para que den juego. Nada de estudiantes modelo o “empollones”, porque serían un coñazo. Sólo se les escapó una chica, una tal Claudia, que parece la hija guapa de la familia Monster. Formal y estudiosa, no he oído mencionar su nombre ni una vez. De hecho, la cámara pasa olímpicamente de enfocarla. La verdad es que me da un poco de pena. Ella ha dejado Magisterio para ser actriz y va a un programa en el que no la sacan… ¡Por ser modélica! Es un poco irónico, lo de este programa, sí.
Aparte de observar cómo estos jóvenes se bandean, también he podido asistir a la vida en el año 63. Aunque muchos jóvenes de ahora hayan caído en el extremo de ser desobedientes, indisciplinados, contestones y agresivos, no quiere decir que la educación rayana en lo alienante de los años 60 fuese la panacea. La obediencia incuestionada a cualquier mandato era la única premisa, y eso no crea seres humanos, produce soldaditos de plomo que desfilan asustados. Mis padres, que han visto “Curso del 63″, evocan aquella época que les tocó vivir y la cantidad de prohibiciones y tabúes que había entonces. Tabúes en la educación, en la familia, un imperante machismo… Este reality también nos hace cuestionarnos por qué este país se tuvo que ver forzado a semejante atraso e hipocresía, por qué hay que consentir sociedades cegadas por el miedo y la ignorancia.
En cuanto a los jóvenes de ahora, me entra la tentación de generalizar, como a otras tantas personas. Es oír juventud y empezar a despotricar. Sí que es verdad que la tónica general, incluso en la gente estudiosa y formal, es ser más vago, más egoísta, más contestón y más malhablado. El distanciamiento con los padres y los profesores ha disminuido y esto hace que nos tomemos unas licencias -hoy toleradas- que antes se hubieran castigado duramente. También hay cierto que hay personas de mi edad y más jóvenes que, no sé si a raíz de la falta de disciplina o de motivación, han caído en una pasividad absoluta. Gente sin intereses, sin proyectos, sin entusiasmo.
Podríamos seguir hablando todo el día sobre la juventud actual, así que estáis invitados a dejar vuestros comentarios. ¿Qué os parece la educación actual? ¿Falla algo en ella? ¿Y los jóvenes de ahora? ¿Están cada vez peor, como solemos decir?

Cos’ this is thriller… Thriller night!!! Noviembre 2, 2009
Posted by thebazaarofarts in Actualidad, Música, clásicos.add a comment
¡¡Vaya tarde más revuelta!! Cuando hace un mes me apunté a baile moderno no pensaba que iba a meter semejantes meneos a mi cuerpo. Esto no tiene nada que ver con los quince minutos irrisorios de aerobic alzando las piernas y haciendo abdominales. Esto cansa, tira… ¡y duele! Pero funciona. Hace un mes mi anatomía se parecía a la de Bender, el robot de Futurama. No es una comparación muy halagadora, pero tenía la flexibilidad bajo mínimos. La respuesta de mi cuerpo, quejarse. Dos días después de empezar el tute gimnástico iba cojeando por el pasillo de casa de lo que me dolían los cuádriceps, los tendones, los cartílagos, los vasos sanguíneos y hasta los glóbulos rojos.
Sin embargo, un mes más tarde, y faltando unos cuantos días, las agujetas se han esfumado, y me estiro más de lo que nunca hubiera imaginado. ¡Qué cuerpo tan agradecido! Sí que es verdad que a ratos aguanto tirón e incluso un poco de dolor, pero noto la mejoría día a día. Me están entrando ganas de poner en práctica esos ejercicios todas las mañanas (siempre son los mismos y van acompañados de las mismas canciones), pero creo que si no hay nadie que me vigile tiraría pronto la toalla: Uno no aguanta el dolor y el desfallecimiento de forma gratuita.
Pues bien, hoy lunes ha sido un día de bailoteo. Después de esa primera hora de entrenamiento, durante la que mi estómago ha sollozado por no haber merendado nada, hemos empezado una coreografía nueva, y cuál mejor que… ¡¡¡Thriller!!! ¿Por qué? Por dos razones obvias. Anteayer fue Halloween, y el fantasma de Michael Jackson aún baila entre nosotros. La “coreo” ha empezado haciéndonos las muertas (sí, muertas, aún no hay ningún chico que se anime a este tipo de actividades, lástima
). No creo que el suelo del gimnasio estuviera muy limpio, si tenemos en cuenta que quince adolescentes habían estado la hora anterior botando al ritmo de la música como descosidas, pero todas nos hemos restregado a fondo nuestros cuerpos zombis sobre el parqué una, y otra, y otra… Así hasta morir y renacer veinte veces.
La coreografía es una chulada. Poder echar imaginación a los movimientos, emular a un zombi, disfrutar a la vez de la música… Casa ponerme a cantar, de lo que me gusta…
Y la motivación de acabarla y aprenderme todos los pasos, aunque al principio sea un poco lío. Nada nada, que me levanto del sofá. ¡Voy a ensayarla otra vez!
Envueltos en música Noviembre 1, 2009
Posted by thebazaarofarts in Actualidad, Música, Periodismo, Personal, pensamientos.add a comment
Las notas son vaporosos velos de colores que nos transportan, de casilla en casilla, de una emoción a otra, de un paisaje a otro. Siempre que puedo -o más bien, cuando no pierdo los auriculares-, voy escuchando música cuando viajo. El recorrido se vuelve distinto. El silencio es demasiado aséptico, demasiado crudo, demasiado real. Sin embargo, con la música, los movimientos y los gestos de la gente adquieren otro sentido. Si la canción es triste, parecen tornarse nostálgicos, y sus miradas están cargada del significado de la letra del cantante. Cuando la melodía ríe y se columpia, sin embargo, se transforman en seres alegres que contagian alegría de vivir. Hasta parece que los vehículos siguieran el ostinato.
Últimamente he estado viajando mucho en el metro, y por suerte la música me ha acompañado. Una de las canciones que más he escuchado, y que ahora estaba oyendo, es “Clandestino”, de Manue Chao. Tiene bastante tiempo, pero la ha rescatado en su disco “Baionarena”, la grabación de su directo en Baiona. Aquí os dejo la música para que os acompañe. ¡Ah! Y otra recomendación, siguiendo la línea de Chao: “Tengo”, de Macaco. Mira que la he estado oyendo durante todo el verano, pero el otro día, cuando presté atención a la letra, me encantó. ¡Dos canciones al precio de una!
¡Buenas noches!
Manu Chao, “Clandestino”
Macaco, “Tengo”
Porque la vida puede ser maravillosa… Octubre 31, 2009
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Me apropio de la frase del hace poco fallecido Andrés Montes para definir la tarde que he pasado en compañía del equipo de Uribe Fm (Gorliz Irratia). Ha sido una tarde especial que ha comenzado con el desarrollo de la nueva web de la radio (la que podéis ver ahora
), que ha continuado con la degustación de dos pizzas deliciosas y que ha culminado con un programa de casi cuatro horas en el que hemos entrevistado a todos los locutores que componen nuestra radio.
Alain, mi querido técnico-locutor-malabarista, y yo, hemos sido los encargados de presentar el espectáculo, ya que somos los únicos que ahora mismo no están haciendo programa. A nuestro lado se han sentado los veteranos y los “novatos”, los jóvenes de cuerpo y los más mayores (aunque siempre jóvenes de espíritu). Todo ello ha estado acompañado de música, de un picoteo riquísimo (nuestros estudios se han convertido en una degustación de aceitunas, pintxos, galletitas, patatas y bebidas) y de las actuaciones de dos grupos que nos han alegrado la tarde, Manent y Moncada 20. Manent vienen de Tolosa, y han conseguido dar un giro total a la música en euskera que se escuchaba hasta ahora. Pasando del pop y el rock repetitivo, han introducido ritmos muy cuidados, letras que en alguna canción combinan el euskera y el inglés y, sobre todo, arreglos que denotan mucho mimo y mucha experiencia. Los miembros del grupo son cinco, y cada uno de ellos, a pesar de ser amigos, procede de ambientes diferentes y ha trabajado con grupos diferentes. Esto hace que la mezcla, gracias a su tesón y a sus ganas, sobre todo, haya quedado así de chula. Hoy hemos tenido a dos de sus miembros y el directo ha sido colosal.
Moncada 20 vienen de Deusto, son cinco chicos jóvenes que se están abriendo paso en el mundo musical. Nos han contado que una persona definió su estilo como rock personal, y sí, puede ser una buena definición. Se mueven entre el pop y el rock e introducen el acordeón como complemento. Ya han sacado su primera maqueta con cuatro canciones y desde aquí les deseo mucha suerte. Es mucha la gente joven que intenta hacerse un hueco, ¡así que espero que disfruten del mundo de la música por mucho tiempo!
Disfrutar. Es la palabra con la que me he quedado esta tarde. Disfrutar haciendo radio, pero sobre todo tratando con la gente. En nuestra radio encuentras personas de todo tipo, que sólo tienen en común contigo la pasión radiofónica, y es fantástico poder hablar con ellas, saber qué les interesa, qué les preocupa, qué les motiva a hacer lo que hacen. Esos momentos son la clave de la alegría. Bueno, como podéis ver me encantan este tipo de eventos, jejeje.
El próximo será la maratón radiofónica de diciembre, el fin de semana antes de Navidad. ¡Ahí si que recibimos llamadas a punta pala, es divertidísimo! Ya os avisaré con antelación.
Esto es todo desde el norte, a ver si me animo a hacer un programa, que ganas, después de lo bien que lo hemos pasado hoy, no me faltan…
P.D.: Os dejo aquí el videoclip del primer single de Manent, “Hisia”.
¿A que suena distino a lo habíais escuchado anteriormente?
Las niñas del autobús rojo Octubre 28, 2009
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Hoy las he visto y me han hecho feliz. Iban sentadas las cuatro, tres de ellas participando en una conversación activa. Una de ellas llevaba una pequeña trenza a un lado de la melena, otra una coleta bien peripuesta y la tercera una coleta sujeta por un ostentoso lazo granate que desembocaba en una catarata de pelo color acacia.
Daban ganas de escribir un cuento con ellas como protagonistas, sólo por lo adorables que eran. Últimamente los niños parecen no ser lo de antes, es como si vinieran con tara. La gente mayor comenta que han perdido educación, que están distraídos e hiperestimulados… Vaya, que “dan mucho por saco”. Por eso, al ver a estas tres damiselas hablando entusiasmadas, respetando los turnos, sonriéndose, no poniendo a nadie a parir y empleando un vocabulario variado me he quedado patitiesa, patidifusa y ojiplática. Eran los ángeles del autobús. Había una señora que desde el asiento de atrás las miraba, como yo, extasiada. Niñas que no gritan, que no critican, que hacen bromas y tienen sentido del humor… Tal vez una cápsula del tiempo se las haya tragado y les haya quitado quince años… Pero verlas ha sido todo un acontecimiento.
Además, me han recordado a cuando yo tenía su edad. ¡Qué rabia no poder contemplarse en aquel entonces! Saber cómo sería uno, qué aspecto tendría. Cuando somos niños, o jóvenes, no nos sentimos tan pequeños ni tan graciosos como la gente nos ve. Después, la percepción cambia. Ahora mismo estoy pensando que, cuando tenga treinta años, la muchachita de veintiún años que redacta estas líneas será una cría, una criatura pequeña que, como esas niñas, va y viene, mecida por el tráfico y el tiempo, en un autobús rojo (aka Bilbobús).
Ovillito Octubre 27, 2009
Posted by thebazaarofarts in Actualidad.3 comments
¡Hola!
Escribo desde la sala, sentada con las piernas a lo indio, con el ordenador apoyado abrasándome los muslos. ¡Cómo queman los bits, son pequeños demonios metidos en el engranaje de la máquina!
Hace mucho tiempo que no pasaba por aquí, pero hoy tengo unas ganas tremendas de comunicarme y poneros un poco al día.
Este mes se me está haciendo bastante largo. Parece que los días de octubre fueran grandes sacos de harina que se van desparramando sobre el suelo y cayendo empujados por la fuerza de la jornada anterior. Supongo que el principal motivo son las malditas clases prácticas de la autoescuela, a las que me enfrento como lo haría un niño sensato ante un plato de menestra (con aversión y pavor crecientes). Esta historia puede contarse de forma trágica o cómica. Escojo la última, porque es mucho mejor reírse de las cosas que tomárselas de forma plañidera.
El relato se remonta a principios de agosto, cuando, después de haber aprobado el teórico, decidí comenzar las prácticas de conducir en mi pueblo. Fui nerviosa, y pensé que sería cosa del primer día, pero… ¡Pobre inocente! El terror me abrasó a lo largo del mes veraniego más tortuoso de mi vida. El profesor que me tocó en suerte carecía de pedagogía, tacto y sensibilidad. En definitiva, hablar con él era como dar instrucciones en tagalo a un robot, y contradecirle era un sacrilegio. Cada día iba tragándome el miedo, procurando olvidarme las horas previas a la clase. Pero imposible, los nervios eran demasiado potentes. El día del examen, después de innumerables clases que se perdían yendo de mi pueblo a las zonas donde se examinaba, no tuve apenas nervios. Los había gastado todos. No aprobé, pero me fui. Dije que me cambiaba de autoescuela. Sabía que ahí no podía seguir.
Al de una semana, con continuidad y alevosía, comencé a ir a una autoescuela de mi ciudad, con la esperanza de encontrar un profesor mejor. La verdad es que así ha sido, pero aún no he hallado al perfecto profesor paciente y comprensivo. Éste me apremia, me increpa y me imprime estrés, como si a mí no me produjera suficiente nerviosismo “desvalijar” a mi padre cada vez que doy cinco clases. Es como una pesadilla sin fin, en la que uno cada vez suelta más y más dinero… Además, si fuera mío, me daría lo mismo gastarlo, pero al no ser yo quien lo paga no puedo evitar sentirme culpable. El viernes me presenté al examen, media hora de nervios con un profesor parecido al greco que emitía las órdenes cual GPS. Todo fue bien, me mantuve a mi velocidad… Cambie bien de carriles… Parecía que el mal sueño iba a tocar a su fin. Pero llegó el momento de aparcar, y la maldita-asquerosa-infame rueda trasera derecha se me subió a la acera. Cuando el examinador me pidió que apagara el coche, me quedé noqueada. De hecho, tuvo que repetírmelo varias veces (la tercera airado) para que yo me enterara, mientras mi profesor me miraba con ira contenida y los ojos inyectados en sangre.
La vuelta a mi casa estuvo acompañada de un sonsonete proferido por mi profesor en el que repitió 86 veces (o más) la graaaan oportunidad que había desperdiciado. Imaginad mi cara de póker, detrás del coche, asintiendo como una pazguata, y deseando en lo más hondo que se callara de una vez. ¡Pero no! Lo volvía a repetir, como si machacar el error fuera a servirme de consuelo o a alterar el pasado. Menos mal que era viernes, y tuve todo el fin de semana para disfrutar: saltar al son de las canciones de “El Mentón de Fogarty”, celebrar el cumpleaños de un amigo e ir a la radio, aunque fuera para montar cuñas publicitarias, consiguieron disipar la neblina y la desesperación.
El lunes volví cabizbaja por las mismas baldosas bilbaínas que tantas veces me han visto dirigirme al maldito coche con la codiciada L. Mi profesor volvió a recordarme lo cafre que fui, hasta que al de media hora le pedí medio en broma que ya valía. Ahora me toca dar más clases hasta la tercera convocatoria, y no sé cuánto más aguantaré. Por un lado, parece que es un despilfarro monetario, pero por otro ir acumulando clases y suspensos no conduce a nada si va acompañado de una tensión difícil de soportar. No sé si alguna vez os habéis sentido así, pero las clases se me están haciendo duras, me siento impotente ante ellas, sin escapatoria, y eso me lleva a agobiarme más aún.
Menos mal que lo abordo desde la distancia y con sentido del humor, y que, como suelo decir, comeré las uvas este año sin tener que pensar en la autoescuela (eso espero). También es una suerte tener alrededor a gente que me apoya en este “durísimo trance”. ¡No sé lo que haría si mis padres no entendieran que las estoy pasando canutas y que conducir cada día es para mí un mal trago!
Y esto es todo desde este bazar. En el próximo post, artículos más alegres
Y por cierto, estáis invitados a contar anécdotas varias de vuestra experiencia como aprendices de la conducción. Aquí os dejo un par de vídeos que siempre me hacen reír. Son del programa “Vaya Semanita”, y definen perfectamente el terror que significa ir a la autoescuela. ¡Disfrutadlos!




