Las estrellas Enero 25, 2009
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Un texto que escribí sobre mi última noche en Würzburg.
Las estrellas se posarán sobre ti por la noche, cuando vayas poquito a poquito hacia tu casa con un kebab caliente en la mano y una lata fría de Coca-Cola en la otra. Las estrellas velarán por ti cuando recorras las calles de invierno y piedra un poco encogida bajo tu mullido abrigo beis. La fiesta te habrá dejado exhausta, y seguirán los cascabeles de la risa acompañándote un ratito, fantasmagóricos en el camino. Después harán el recorrido contrario, hacia el puente, por las vías del tranvía. La tristeza es de niebla por las noches en diciembre y no le gusta ser interrumpida por las carcajadas. El kebab, masticado por tus muelas ágiles, se irá quedando frío y al subir los últimos peldaños hasta tu apartamento, un poco mareada por el vino joven, notarás la melancolía que gobierna la escalera.
Es la noche de la soledad, la noche de la despedida, del adiós, del abandono. Una noche que sucede al día y que precede al día siguiente, pero que para ti supone el filo que corta dos rodajas de tu vida. Ya no beberás más de esta fuente, ahora te tocará volver a otras que manaron para ti hacía un año. Tendrás que abandonar esta ciudad, y este cuarto, dejarás de ser habitante de este mundo para ser devuela a la realidad. Va a ser una noche larga, así que disponte a dormir. No tengas miedo del sueño que, como un vaho, te aspira y entumece tus músculos. Al despertar, temprano al amanecer, tendrás que irte como los exiliados. Al otro lado de la puerta sabrás que nunca más tendrás la llave para traspasarla. Adiós, adiós, no regresarás.
Y te irás deshilachando la madeja que fuiste cosiendo. Dejarás la ciudad, el país, y surcando los aires volverás a tu cuna, a tu mundo de siempre. Y allí te sentirás arropada por habitaciones que no se resisten, que no requieren la llave mágica; te sentirás acunada por el susurro de los nombres familiares; te mecerá la brisa más benigna. Pero al de poco tiempo, menos del que piensas, los recuerdos volverán a aflorar: recuerdos de aquella fiesta, memorias de aquel kebab. Memorias de aquella que eras tú, recordando cascabeles risueños en la noche tranquila y helada, sola en un paisaje remoto.

There are nine million bicycles in Beijing… Diciembre 11, 2008
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Para los románticos. Para los que quieran relajarse. Para los que quieran soñar. La voz de Katie Melua, los instrumentos de viento, te transportan. Te traen una paz que te saca la sonrisa suave. Escuchad
“Nine Million Bicycles” (Katie Melua)
There are nine million bicycles in Beijing
That’s a fact,
It’s a thing we can’t deny
Like the fact that I will love you till I die.
We are twelve billion light years from the edge,
That’s a guess,
No-one can ever say it’s true
But I know that I will always be with you.
I’m warmed by the fire of your love everyday
So don’t call me a liar,
Just believe everything that I say
There are six BILLION people in the world
More or less
and it makes me feel quite small
But you’re the one I love the most of all
[INTERLUDE]
We’re high on the wire
With the world in our sight
And I’ll never tire,
Of the love that you give me every night
There are nine million bicycles in Beijing
That’s a Fact,
it’s a thing we can’t deny
Like the fact that I will love you till I die
And there are nine million bicycles in Beijing
And you know that I will love you till I die!
Hoy toca música Diciembre 10, 2008
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Como en literatura gallega estamos leyendo y disfrutando (aunque deprimiéndonos un poco, yo al menos) con la poesía de Rosalía de Castro, os dejo aquí el poema principal de Follas Novas (Hojas Nuevas), su obra más destacada. Se llama “Negra sombra”, y habla del fantasma que la tuvo atenazada a lo largo de toda su vida, de la pesadumbre que no le permitió abrir los ojos, respirar y levantarse.
El poema y la música que lo acompaña son ya indivisibles. Fue banda sonora de la película “Mar Adentro”, protagonizada por Javier Bardem, y está interpretado por la artista Luz Casal. Con su voz grave, rasgada y profunda, que recuerda al viento marino arrastrado contra las rocas, os dejo. Trabajos, inglés antiguo, dialectos y literatura del siglo XVIII me acompañan.
Bon giorno!! Marzo 19, 2008
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Hoy al cielo le ha dado por nevar, porque Würzburg es así de chulo. Lo mismo te sonríe el sol con la boca como un gajo de sandía de lo radiante que está, que se ponen a caer palomitas de la cubeta de las nubes. Y todo en el mismo día. En Würzburg el cielo, a la manera de Leonardo da Vinci, concilia actividades de lo más diversas.
Y de eso os quería hablar hoy, precisamente. De la actividad de compaginar lo blanco con lo negro y de un libro que se cruzó en mi camino e hizo que me parara, hace seis días, a echarle un gran vistazo en la librería Hügendubel. Se llama “Du musst dich nicht entscheiden, wenn du tausend Träume hast”. Significa “No debes decidirte, cuando tienes miles de sueños”. En él habla de un perfil muy determinado de persona, aquella que siempre tiene mil proyectos en la cabeza, que se entusiasma rápido por algo pero tiene la sensación de no haber acabado nada. Aquella a la que le gustaría tener claro qué es lo que quiere hacer con su vida, pero que no lo consigue. Aquella cuyo temor es el ser amateur de todo, pero experto de nada. Aquella que solo consigue concentrarse haciendo veinte cosas al mismo tiempo.
En fin, que hablaban de mí y de todos aquellos a los que les ocurre lo mismo. En el libro nos llaman Scanner, que supongo provendrá de la capacidad que tenemos de echar el ojo -y la cartera, a veces- a todos los proyectos que nos resultan apasionantes. Y lo mejor de todo, es que no se nos obliga a decidirnos por un camino concreto, sino a aceptarnos tal y como somos y a sacarle el máximo partido a esta forma de ser.
Ya no tengo qué saber qué quiero hacer con mi vida, porque hay muchas cosas que me gustaría hacer. Y creo que las voy a hacer todas, si me da tiempo. O casi todas.
Os recomiendo fervientemente el libro. La traducción al inglés es: “What do I do when I want to do everything?”
Aunque entre mis proyectos está traducirlo, jejeje
Die Bäume von Italo Calvino, es heisst “El barón rampante” Noviembre 15, 2007
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Dije que iba a escribir un artículo sobre este libro que me ha marcado, así que ahí va. Ya son dos libros seguidos los que me han gustado: “El barón rampante” y “El desierto de los tártaros”. Luego ya no he podido engancharme con nada porque me ha dado por leer en alemán, y cuesta el triple. Pero bueno. Espero tener tiempo para cultivarme en Navidades, lo espero fervientemente, al calor de la calefacción, en mi sofá blandito, aunque el tema de hoy no va de las comodidades que me depara el futuro, sino de la obra de Italo Calvino.
El protagonista de la historia es Cosimo, un joven que, cansado de la cerrazón de sus padres y de sus órdenes, decide largarse a vivir en los árboles y nunca, nunca bajar al suelo. Poco a poco sus piernas se van adaptando a la nueva forma de vida, su vida se va asentando en las alturas y se hace con las comodidades necesarias para llevar de la mejor forma posible su estancia allí. También nace el amor en los árboles, cuando descubre a la rubia Viola, su vecina de casta noble y amiga de los niños salvajes que se dedican a robar a las buenas familias. Por Viola, por ese amor que parece inalcanzable, se reafirma en su deseo de cumplir su meta, de no tocar nunca la tierra y ser fiel a la vida que ha elegido.
Y lo consigue. En esos años que transcurre en los árboles lee, se adoctrina, se hace amigo de prófugos de la ley, habla con los campesinos y encuentra su felicidad particular. Esta historia, que se desarrolla en un pueblo inventado de Italia, tiene lugar a finales del siglo dieciocho, época de la revolución francesa y de las invasiones de Napoleón, y nos introduce en esa época de cambios, de una nobleza cada vez más desgastada, de las innovaciones literarias. Pero lo hace siempre a través de la historia de Cosimo, entre rama y rama, sin que nos demos cuenta. Y nos sumerge en la maleza de la época, de la cual nos apenará salir.
Este es un libro que se queda grabado en la memoria, porque todos aspiramos a ser Cosimo. A tener una idea, una meta, a luchar por ella al margen de las ideas ajenas. Ése es el legado de Cosimo, y esa la maravillosa forma de contarlo de Italo Calvino.
Me da error (José Luis Álvarez) Agosto 11, 2007
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Entre ayer y hoy me he estado leyendo este anecdotario de informática, y se lo recomiendo a cualquiera. Es un libro que hasta quien sólo conoce lo básico en el manejo de ordenadores entenderá, ya que las situaciones disparatadas que ilustra le resultan desacabelladas a cualquiera.
Desde su trabajo en una empresa de programación, pasando por su tarea como profesor en cursillos de informática, hasta su repaso de los más patéticos e-mails en cadena, José Luis Álvarez realiza una crónica de cómo en el ámbito de la informática hay tontos rematados, gente no apta para desenvolverse con los ordenadores. Esta afirmación podría ser pedante y taxativa, de no ser por los ejemplos que el escritor aporta: hay auténticos ineptos.
Un ejemplo preclaro es el de aquel que no entendía por qué su procesador de textos le había borrado lo que había escrito y la pantalla se había vuelto negra, pese al apagón que había afectado a todo el edificio. Otro es el de la que metió un CD de chocolate en el lector de CD-ROM y se quedó tan ancha. Y otro, inolvidable, es el de la insegura que, a la pregunta de si quería guardar los cambios de su documento, se debatía en la indecisión por desconocer si quería o no.
Está claro que hay gente a la que las nuevas tecnologías le resultan costosas. Los ordenadores han pillado tarde a algunas personas, y no es fácil familiarizarse con ellos. Sin embargo, hay cuestiones que son de cajón de madera de pino que cualquiera debería
deducir, aunque está visto que no son tan sencillas.
En conclusión, si queréis disfrutar de una lectura amena y de un conjunto de anécdotas de las que el autor se ríe a carcajadas -por no llorar, claro está-, os aconsejo este libro: no os va a dar error.
Carta abierta de Woody Allen a Platón Agosto 10, 2007
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Hace ya unos años que leí Lo que Sócrates diría a Woody Allen, de Juan Antonio Rivera. Un libro buenísimo que combina filosofía y cine y que recomiendo a todos. Y héteme aquí que el día 19 de febrero de este año fui a la librería Tintas y vi la segunda parte. Me la compré, claro, ya que mi afán consumista no sabe de límites, y menos hablando de libros.
Carta abierta de Woody Allen a Platón me está costando más, pero hace tres días lo rescaté de las estanterías de Bilbao y le estoy cogiendo el gustillo -lo estuve leyendo incluso mientras una señora me ponía la cabeza como un bombo en el metro con su verborrea, menos mal que se disculpó. El caso es que en el capítulo por el que voy hablan de los subproductos colectivos en la historia, como por ejemplo el irremisible cambio que se produce en una lengua a lo largo de los años.
Me hizo mucha ilu leer algo sobre eso en el libro, porque se trata de lo que hemos dado en lingüística en la universidad. Siempre está bien leer algo sobre lo que tienes cierta idea, para contrastar la información. La verdad es que Juan Antonio Rivera cuenta lo mismo que hemos estudiado pero de forma más amena. Comenta que las lenguas se van alterando con el curso del tiempo, a pesar de que el individua se sienta alienado frente a ellas y no sea consciente de su propia participación en la conformación de su idioma.
De hecho, muchas veces la lengua se contempla como algo impuesto, pero debemos tomar conciencia de que, a lo largo de los años y debido a nuestra aportación individual y colectiva el idioma evolucionará hasta un punto notable. Si avanzáramos quinientos años hacia delante, observaríamos que nos resulta muy complicado seguir una conversación, incluso tratándose de nuestro idioma materno. Probablemente las estructura básica se mantendría, pero los giros y el vocabulario evolucionan según las necesidades sociales. Por ello cada idioma está vivo, y es sensible a la interacción humana.
Podríamos preguntarnos entonces cuál es la función de los diccionarios, o de la Real Academia Española. No es de ningún modo la de enseñar a hablar, porque nuestros antepasados sabía comunicarse cuando no existían estos archivos e instituciones, sino la de registrar y ordenar los distintos usos de la lengua, y también la de asignar a cada uno de ellos un estatus más o menos elevado. Otra de las funciones de las reales academias es la de pautar una ortografía determinada en el idioma, reto hoy por hoy conseguido, sobre todo si lo comparamos con la ortografía voluble de antaño. Pero, como bien sabemos, los diccionarios están sujetos a continuas actualizaciones, gracias a la intevención social e individual.
Y esto es lo que he repasado, un tema que me parece la mar de interesante, y en el cual me encantaría ahondar. ¿Qué os parece a vosotros?
Matilda (Roal Dahl) Enero 15, 2007
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El otro día estuvimos hablando de los libros de Roal Dahl, y recordamos con alegría Charlie y la fábrica de chocolate, James y el melocotón gigante o Las brujas. Son historias originales, desmesuradas y sorprendentes, y, sobre todo, en ellas los protagonistas son los niños, niños a los que no se trata como tontos.
En el caso de Matilda, que mencioné con añoranza, el autor se centra en la inteligencia de la pequeña. Matilda es una cría tan lista y tan aguda que aprende a leer con tres años, y que con cuatro años va a la biblioteca municipal y devora allí libro tras libro hasta que le llega la hora de volverse a casa. Por desgracia, sus padres no aprecian sus cualidades y ni siquiera se percatan de ellas. De hecho, la minusvaloran y denigran, y la desprecian por leer en lugar de estar viendo la televisión en familia. Para ella esto resulta difícil de aguantar, sobre todo teniendo en cuenta que desde la infancia supera en madurez a cualquiera de sus familiares.
Debido a esto, planea su venganza sobre ellos, y para ello les gasta pesadas bromas hasta que desarrolla el increíble poder de mover los objetos con su impresionante fuerza mental. Es entonces cuando la aventura se desarrolla, ya que estas capacidades servirán a Matilda para hacer frente a la directora del colegio al que va, la temible señorita Trunchbull, y para salvar de sus garras a la señorita Honey, su encantadora y dulce profesora.
Recuerdo que me regalaron el libro con ocho años, y que fui feliz entre sus páginas. Es una lectura agradable la de Dahl, y además contiene un mensaje interesante, el de apoyar a aquellos que son diferentes a la media, y el de motivarlos a desarrollar sus capacidades, como hace la pequeña Matilda. Por tanto, os recomiendo leer el libro, y también ver la película, que aunque no tan buena y centrada sobre todo en el posder inusual de la niña contiene unas interpretaciones bastante graciosas.

Laura y Julio (Juan José Millás) Diciembre 27, 2006
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Y esta vez, agradecerle a mi madre que esté al corriente de todas las críticas literarias que se realizan en la radio y en los periódicos, y sobre todo que un día cualquiera me sorprenda con nuevos libros que paladear y añadir a mi colección de lecturas potenciales.
Laura y Julio no es una novela que me haya cautivado, ni que haya degustado con placer. De hecho, no es esta su intención. Narrada en primera persona, su protagonista no presenta unos valores morales convincentes, y las circunstancias que lo rodean son agrias como el café solo.
Julio lleva unos años casado con Laura, pero las cosas no les van bien. Sufren problemas de comunicación, y ella se comporta con él de forma pétrea y estrictamente cortés, sin ir más allá de las buenas formas. De hecho, desde hace largo tiempo, la pareja sólo concibe su vida a través de Manuel, el vecino que se ha instalado enfrente de ellos y que los visita con asiduidad. Manuel es el canal que comunica a la pareja, y parece ser el único nexo que tienen en común.
Por eso, cuando este tiene el accidente que lo deja en coma, la unión entre Laura y Julio se disuelve, y ésta lo echa de casa. Entonces Julio comienza la incursión en la casa de enfrente, que representa a Manuel, y es el espejo de la suya. Poco a poco va adoptando el atuendo de su vecino y sus maneras, hasta el momento en que descubre un temible secreto que Laura guarda…
La historia merece la pena porque Juan José Millás describe con maestría el proceso anímico que el protagonista atraviesa en cada momento. Además, hace hincapié en la falta de lógica que los hechos presentan a veces en la vida, y en la sensación de que los acontecimientos más fatales estaban ya escritos de antemano. No es un libro que eleve la alegría y las ganas de vivir, pero así todo profundiza en nuestra psicología, como cuando se llega a las habitaciones atravesando el pasillo de una estancia.
La Historia Interminable Diciembre 27, 2006
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Este artículo va dedicado a Arrate, por tratarse de su libro favorito y porque acertó al decir que me gustaría, y aún más, que me engancharía. Si por algo adoro las vacaciones de Navidad es porque regreso a la lectura más o menos despreocupada -un poco de inquietud estudiantil no está de más- y porque me doy cuenta de que soy capaz de pasar las horas escondida entre las páginas de un libro.
En La Historia Interminable Michael Ende nos lleva al mundo de ensueño de Fantasía, de la mano de Bastián Baltasar Bux, un muchacho gordo y paliducho que posee una habilidad portentosa para inventar historias. Desde el momento en que el chico roba un libro del mismo nombre, se inicia un relato plagado de personajes de ilusión que me va a costar olvidar, como por ejemplo el guerrero Atreyu, Fújur, el dragón de la suerte o la más importante, la Hija de la Luna, habitante de la Torre de Marfil que gobierna Fantasia sin ejercer en ningún momento su poder.
Bastián pasa las horas leyendo esta historia en el desván de su colegio, hasta que, desde el propio libro, la Hija de la Luna exige su presencia para salvar el mundo de Fantasia. A partir de entonces, las fronteras entre la realidad y la ficción se hacen traspasables, y nos sentimos por igual llamados a penetrar en ese mundo de deseos en el que cualquier idea fantástica que se nos antoje se materializará por arte de ensalmo.
Doy las gracias a La Historia Interminable porque me ha recordado hasta qué punto toda lectura te lleva de viaje a otro lugar, a otro terreno, y te hace percibir sensaciones de otro modo imposibles de experimentar. Como hizo Harry Potter para llegar a Hogwarts, yo también voy a comprarme el primer billete de tren para llegar al mundo de Fújur, Bastián y todo ese conglomerado de personajes de la imaginación. Me han entrado ganas de formar parte de esa historia interminable.




