La vida sin música, la vida peor Noviembre 5, 2009
Posted by thebazaarofarts in Actualidad, Ensayos, Música, Personal, Recuerdos, pensamientos, viajes.Tags: alegría, felicidad, lambada, Música, camping, risa, pista de baile
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Creo que la vida sin música no puede desarrollarse de forma adecuada. La música es un aporte vitamínico que necesitamos para liberar tensiones, para dirigir nuestro caudal emocional, para entrenar nuestro cuerpo, para dejar de atosigarnos con la batería de nuestros pensamientos y para recordar.
Sin las canciones, nos faltarían referencias. ¿Cómo recordar al niño que saltaba a la comba sin el sonsonete de “al cocherito leré, me dijo anoche leré”, que no tenía ningún significado descifrable? ¿Cómo retener en la memoria los nervios de nuestro primer amor si no es recuperando el juego de “al conejo de la suerte que se ha escapado este mediodía a la hora de comer”? Anda, que las letras también…
¿Cómo evocar a nuestros amigos borrachos si no es con el mítico “alcohoool, alcohool, alcohooool… Hemos venido a emborracharnos, el resultado nos da iguaaaal”? No, no era igual y ellos lo sabían: Después toda la efervescencia se les iba por la boca y había que sujetarlos para que cayeran sobre el suelo, habitualmente mojado. ¿Cómo recordar nuestras tardes de baile adolescente si faltara aquella música zafia y deslenguada, publicitada como reggaetón? “Dale morena, vamos a fuegote… Perreo pa’ los nenes, perreo pa’ las nenas…” ¿Qué c*** era eso? ¿Qué apología machista se infiltró en aquellas fiestas adolescentes?
Hay canciones que nos unen a todos, que han condicionado nuestra vida en todas las partes del mundo, como el “cumpleaños feliz”, una de las melodías más tocadas en el piano que conozco. Otras nos han afectado a nivel local y no han provocado el resultado esperado cuando las hemos cantado extramuros. Por ejemplo, el “Athletic gorri ta zuria” fuera de Bilbao nunca será recibido con una salva de aplausos aunque pensemos que es el mejor equipo del mundo (bueno, ya ni eso).
Y hay canciones que tienen su repercusión individual. La mía es la “Lambada”. Es la única canción en portugués que me sé, aparte de una de Nelly Furtado cuando me empollé su primer disco. ¿Por qué la “Lambada”? Por una mezcla de recuerdos. El más importante, el camping tarragonés al que estuve acudiendo durante varios años. De verdad, aquel lugar era como la peli “EL Show de Truman”, te metías en él y se te olvidaban las demás ciudades. ¡Era como las ciudades de juguete! Tenía su supermercado, su restaurante, su piscina, su playa, todo con sus etiquetitas puestas, y con un aire exótico que te hacía pensar que estabas en alguna isla hawaiana bailando el hula-hula. Además de los lugares que he mencionado, había también una colección de tiendas de campaña, bungalows y casetas impresionante, divididas en calles con nombres de ciudades. Tengo el orgullo de decir que nosotros siempre nos colocábamos en “Anberes” o en “Berna”. Colocarte en “Lisboa” o “Lugano”, las calles más alejadas del centro del camping, era condenarte al destierro, privarte de comodidades, o al menos así lo veía yo con seis años.
Aquel camping tenía también una pista de baile en la que niños y adultos ensayábamos nuestras coreografías. No recuerdo la música que ponían, pero la “Lambada” invade toda la atmósfera de aquel camping
Puede ser porque por la época tuve una peonza verde luminosa que, cuando iniciaba su paroxismo giratorio, ejecutaba la bonita melodía. Es probable, aunque también cabe la posibilidad de que la peonza llegara después de aquello. Los recuerdos nunca son puzzles perfectos, actúan más bien como el cesto de la ropa sucia (lo mezclan todo).
Desde entonces, cada vez que escucho la “Lambada” se me ilumina la cara. Cuando tuve internet, fue una de las primeras canciones que escuché. ¡La había rescatado del olvido, fue como recuperar un olor que nos hubieran arrebatado hace mucho tiempo!
De esta forma también recuperé el recuerdo de aquel camping, al que no voy desde hace ocho años y al que estoy deseando ir. Ya no como la niña que se entretenía comprando libros en el supermercado o haciendo amigos en los columpios, sino como la adulta que sabe vivir bien
Un bungalow, la playa, buena compañía, un buen libro, tomar algo por la noche en una terraza y cenar bien en un restaurante, todo aderezado con una incursión por Cambrils y Port-Aventura son suficientes para mí
Aquí os dejo la “Lambada”, ¡feliz mañana!
Cos’ this is thriller… Thriller night!!! Noviembre 2, 2009
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¡¡Vaya tarde más revuelta!! Cuando hace un mes me apunté a baile moderno no pensaba que iba a meter semejantes meneos a mi cuerpo. Esto no tiene nada que ver con los quince minutos irrisorios de aerobic alzando las piernas y haciendo abdominales. Esto cansa, tira… ¡y duele! Pero funciona. Hace un mes mi anatomía se parecía a la de Bender, el robot de Futurama. No es una comparación muy halagadora, pero tenía la flexibilidad bajo mínimos. La respuesta de mi cuerpo, quejarse. Dos días después de empezar el tute gimnástico iba cojeando por el pasillo de casa de lo que me dolían los cuádriceps, los tendones, los cartílagos, los vasos sanguíneos y hasta los glóbulos rojos.
Sin embargo, un mes más tarde, y faltando unos cuantos días, las agujetas se han esfumado, y me estiro más de lo que nunca hubiera imaginado. ¡Qué cuerpo tan agradecido! Sí que es verdad que a ratos aguanto tirón e incluso un poco de dolor, pero noto la mejoría día a día. Me están entrando ganas de poner en práctica esos ejercicios todas las mañanas (siempre son los mismos y van acompañados de las mismas canciones), pero creo que si no hay nadie que me vigile tiraría pronto la toalla: Uno no aguanta el dolor y el desfallecimiento de forma gratuita.
Pues bien, hoy lunes ha sido un día de bailoteo. Después de esa primera hora de entrenamiento, durante la que mi estómago ha sollozado por no haber merendado nada, hemos empezado una coreografía nueva, y cuál mejor que… ¡¡¡Thriller!!! ¿Por qué? Por dos razones obvias. Anteayer fue Halloween, y el fantasma de Michael Jackson aún baila entre nosotros. La “coreo” ha empezado haciéndonos las muertas (sí, muertas, aún no hay ningún chico que se anime a este tipo de actividades, lástima
). No creo que el suelo del gimnasio estuviera muy limpio, si tenemos en cuenta que quince adolescentes habían estado la hora anterior botando al ritmo de la música como descosidas, pero todas nos hemos restregado a fondo nuestros cuerpos zombis sobre el parqué una, y otra, y otra… Así hasta morir y renacer veinte veces.
La coreografía es una chulada. Poder echar imaginación a los movimientos, emular a un zombi, disfrutar a la vez de la música… Casa ponerme a cantar, de lo que me gusta…
Y la motivación de acabarla y aprenderme todos los pasos, aunque al principio sea un poco lío. Nada nada, que me levanto del sofá. ¡Voy a ensayarla otra vez!
Envueltos en música Noviembre 1, 2009
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Las notas son vaporosos velos de colores que nos transportan, de casilla en casilla, de una emoción a otra, de un paisaje a otro. Siempre que puedo -o más bien, cuando no pierdo los auriculares-, voy escuchando música cuando viajo. El recorrido se vuelve distinto. El silencio es demasiado aséptico, demasiado crudo, demasiado real. Sin embargo, con la música, los movimientos y los gestos de la gente adquieren otro sentido. Si la canción es triste, parecen tornarse nostálgicos, y sus miradas están cargada del significado de la letra del cantante. Cuando la melodía ríe y se columpia, sin embargo, se transforman en seres alegres que contagian alegría de vivir. Hasta parece que los vehículos siguieran el ostinato.
Últimamente he estado viajando mucho en el metro, y por suerte la música me ha acompañado. Una de las canciones que más he escuchado, y que ahora estaba oyendo, es “Clandestino”, de Manue Chao. Tiene bastante tiempo, pero la ha rescatado en su disco “Baionarena”, la grabación de su directo en Baiona. Aquí os dejo la música para que os acompañe. ¡Ah! Y otra recomendación, siguiendo la línea de Chao: “Tengo”, de Macaco. Mira que la he estado oyendo durante todo el verano, pero el otro día, cuando presté atención a la letra, me encantó. ¡Dos canciones al precio de una!
¡Buenas noches!
Manu Chao, “Clandestino”
Macaco, “Tengo”
¡¡Llegó la Semana Grande!!! Agosto 17, 2009
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¡¡Llega el espíritu vacacional con la Aste Nagusia!! ¡Ahora toca disfrutarlo lo más posible! Zampar, ir a las txosnas, ver conciertos… ¡¡Va a ser una gran Semana Grande!!
¡El chico no hace nada! Julio 24, 2009
Posted by thebazaarofarts in Música, Personal, Vida cotidiana, pensamientos.add a comment
“El chico no hace nada, pero baila… (como los ángeles)”. Así nos lo indica Alesha Dixon en ese single que a mí no me cansa. No sé si es ese estilo semi-cabaret, o la voz mulata de la chica, o el estribillo simple pero gracioso, pero oigo Alesha Dixon en la radio, subo el volumen e inmediatamente después estoy intentando escenificar la coreografía frente a la ventana. Mi vecina de enfrente, que se pasa las horas asomada a la calle, tiene que estar flipando.
Pero si ya la canción me alegró tanto mis momentos musicales, ver cómo la chica se mueve y actúa delante del escenario me dejó más patitiesa. ¡Menuda alegría, menuda rebeldía, vaya forma de improvisar! Alesha se atreve a cantar en directo mientras su vestido hace fru-frú y sus tacones reivindican su poderío sobre el suelo. Y además, hace arreglos instantáneos en las melodías y no deja de apuntar a su alrededor con su sonrisa.
No le importa no ser perfecta, que en ocasiones la voz quede sacudida por el baile, ni que la melodía se adapte perfectamente a los coros de fondo. Ella va a lo suyo, se le nota que disfruta y que domina la situación. Es la clave. Sentir que controlas, tener la melodía tan sabida que la miras un poco por encima del hombro, y te atreves a innovar. Dixon estuvo en Operación Triunfo y ls concursantes me pusieron un poco triste. No puedo evitar que me recuerden a los bidimensionales recortables. Alesha tenía forma, contornos, color, ellos sólo eran adhesivos frente al escenario.
Al escenario, y a la vida, hay que perderle el miedo. Sacarla de su encorsetamiento, de su rigidez. Las normas, a la hora de actuar, son indicativas. No debería primar tanto la perfección, sino el encanto personal. El CD, o el MP3, se encargarán de ofrecer la versión de estudio, pero en un directo, prefiero una Alesha que me haga reír con la efusividad de sus caderazos que una interpretación correcta y estudiada al milímetro.
Os dejo el vídeo, ¡pasadlo bien!
Aspersores sonrientes Mayo 6, 2009
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Quiero ser un sonriente aspersor para estar en todas partes a la vez, para correr hacia otras latitudes, para nadar y desbordar la piscina. Quiero ser un aspersor que machaque con sus gotas todo el calor que llevo almacenado dentro, y se cuele por mis poros como un refresco. Un aspersor a veinte grados de temperatura que despeje una frente llena de tachones, letras hilvanadas y espirales herméticas, que en un solo espasmo desdibuje las tablas de multiplicar de mi cabeza.
Un artilugio, simplemente, que derrame arpegios incontrolados de vida sobre la hierba, una tarde de verano.

Viajeros y viajeras Enero 29, 2009
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Una de las canciones que me gustan de “La Guardia” es ésta, La Carretera, que habla del recorrido incansable del músico que toca de ciudad en ciudad. Para los viajeros y viajeras, que siguen esa línea continua y arrastran su vida en el equipaje… Disfrutad de los acordes guitarreros, del atuendo ochentero y de un Manolo España jovencísimo.
Activando el gusanillo de la dispersión Enero 28, 2009
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Hay días que me disperso y me extiendo por toda la casa, como las riadas que azotaron mi ciudad ayer. Días en los que, a nada que una tarea me aburre, huyo de ella y me lanzo a otra para ver si consigo centrarme. Días en los que me desenfoco y tiro minutos de papel al suelo. Tal día como hoy. Qué le vamos a hacer, mañana creceré de nuevo y, con la premura y presión del examen del viernes, seré Goliat. Fiera, grande y “arremetedora”.
Os dejo mi canción favorita, lo merece un día tan fluido como la lluvia que cae y va llenando sin descanso la balsa de esta villa. Es “Turn off the light”, de Nelly Furtado.
Canciones troteras Enero 26, 2009
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Os dejo con una canción de Amy MacDonald, me encanta el ritmo de fondo. Es muy animoso. Es genial, como suelo decir, para viajes en coche.
This is the life, by Amy MacDonald:
Las estrellas Enero 25, 2009
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Un texto que escribí sobre mi última noche en Würzburg.
Las estrellas se posarán sobre ti por la noche, cuando vayas poquito a poquito hacia tu casa con un kebab caliente en la mano y una lata fría de Coca-Cola en la otra. Las estrellas velarán por ti cuando recorras las calles de invierno y piedra un poco encogida bajo tu mullido abrigo beis. La fiesta te habrá dejado exhausta, y seguirán los cascabeles de la risa acompañándote un ratito, fantasmagóricos en el camino. Después harán el recorrido contrario, hacia el puente, por las vías del tranvía. La tristeza es de niebla por las noches en diciembre y no le gusta ser interrumpida por las carcajadas. El kebab, masticado por tus muelas ágiles, se irá quedando frío y al subir los últimos peldaños hasta tu apartamento, un poco mareada por el vino joven, notarás la melancolía que gobierna la escalera.
Es la noche de la soledad, la noche de la despedida, del adiós, del abandono. Una noche que sucede al día y que precede al día siguiente, pero que para ti supone el filo que corta dos rodajas de tu vida. Ya no beberás más de esta fuente, ahora te tocará volver a otras que manaron para ti hacía un año. Tendrás que abandonar esta ciudad, y este cuarto, dejarás de ser habitante de este mundo para ser devuela a la realidad. Va a ser una noche larga, así que disponte a dormir. No tengas miedo del sueño que, como un vaho, te aspira y entumece tus músculos. Al despertar, temprano al amanecer, tendrás que irte como los exiliados. Al otro lado de la puerta sabrás que nunca más tendrás la llave para traspasarla. Adiós, adiós, no regresarás.
Y te irás deshilachando la madeja que fuiste cosiendo. Dejarás la ciudad, el país, y surcando los aires volverás a tu cuna, a tu mundo de siempre. Y allí te sentirás arropada por habitaciones que no se resisten, que no requieren la llave mágica; te sentirás acunada por el susurro de los nombres familiares; te mecerá la brisa más benigna. Pero al de poco tiempo, menos del que piensas, los recuerdos volverán a aflorar: recuerdos de aquella fiesta, memorias de aquel kebab. Memorias de aquella que eras tú, recordando cascabeles risueños en la noche tranquila y helada, sola en un paisaje remoto.





