Hace frío en noviembre… Noviembre 12, 2009
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Noviembre es frío, aunque salgan días como el de hoy, que ha superado los 20 grados
Una excusa para presentaros mi nuevo dibujo, ¡soy adicta!

Nueva ilustración (Lili en el cole) Noviembre 11, 2009
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Nueva entrega de mis ilustraciones
Esta vez en homenaje a Lili, la protagonista del libro “Lili, Libertad”, de Gonzalo Moure. Aquí evoco la escena en que ella, atosigada por las burlas de sus compañeros, se repetía esta graciosa frase: “Nadie murió de un migazo”.

Criatura pensativa Noviembre 11, 2009
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Sigo dando guerra con la tableta digital. Qué felicidad

** Premio de Ukey (Honest scrap)** Agosto 27, 2009
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La sonrisa como arma
Soy una persona muy sonriente. Mi primer acercamiento se produce con una sonrisa. Para dar tranquilidad al resto y hacer que se sientan cómodos, y también para tranquilizarme yo. Sonrío y espero una retroalimentación positiva de la persona a quien ofrezco este gesto, aunque esto no siempre sea así. Las personas secas, bordes o indiferentes me producen inseguridad primero, y después cabreo. No veo razón para no tratar bien a los demás de entrada.
También soy muy cariñosa, sobre todo con mis más allegados. Me encanta achuchar, aunque con los amigos me corto más, y mi ánimo suele ser alegre. No puedo evitar sacar la parte cómica a la gente y a la vida, y se me ocurren cosas chistosas sobre la marcha. Eso sí, se me pone la cara muy seria cuando estoy nerviosa, tensa o cuando estoy reconcentrada. Por eso, los profesores del colegio pensaban que era muy seriecita (¡¡y un cuerno!!).
Gramofonito
Debo de tener complejo de jukebox porque me paso la vida cantando. Cuando salgo de fiesta y bailo con mis amigos, odio que les dé por conversar. Para empezar, los tapones auditivos no ayudan nada a seguir una conversación que lleva altavoces de fondo; y segundo, adoro recitar las letras de las canciones. No siempre sé de quién son, y no siempre atino con las letras (de algunas me invento la mitad), pero mi cabeza ha recopilado una buena cantidad de melodías.
Supongo que mi afición comenzó en la infancia: mis padres ponían a Sabina, Serrat, Creedence, Mecano, Michael Jackson, Pablo Milanés y un largo etcétera en la sala, y me fui enganchando. Aparte, mi hermana y mi tía me impregnaron de acordes ochenteros de la mano de Los Rodríguez, Los Secretos y demás terceras menores del panorama musical (lo de tercera menor lo digo por lo melancólico de su música). De esta forma, fue natural que ir a música no me importara, y que cantar en el coro tampoco, aunque confieso que sigo prefiriendo la música más popular a la música clásica.
Emotion
Tiendo a acongojarme fácil. Con canciones bonitas con las que me sienta identificada, con películas, terminen bien o mal, si logro empatizar con los protagonistas, con libros que me enseñen una verdad que llevaba dentro pero que no había expresado en palabras todavía… Me acongojo fácil pero lo hago cuando estoy yo solita, o cuando tengo muchísima confianza con la persona que está a mi lado. Si no, las lágrimas cambian de sentido y se sedimentan ahí, bajo los ojos, hasta que la congoja deja de apretar. Me emociona la gente, las situaciones, las letras, los pensamientos, los recuerdos… Y me gustan las personas emotivas, la gente que tiene sentimientos, que es y se sabe vulnerable.
Exploradora
El domingo pasado vi “Up” y me di cuenta de que yo también soy exploradora. Me engancha mirar lugares desconocidos en Google Maps, recorrer calles desconocidas de mi pueblo, descubrir lugares insólitos que parecen haber salido de un cuento… Me divierto conociendo lugares, es la parte positiva de las prácticas de conducir, que vas a barrios a los que antes no te asomarías ni por asomo, valga la repetición. Y esto me ha sucedido desde siempre: cuando era apenas un bebé me lanzaba a la aventura, y después seguí mi andadura. Ya estoy planeando mi próximo viaje, mi siguiente ruta, y no pienso parar.
On my own
Valoro mucho el hecho de estar sola, me siento libre. Voy de un lado para otro, hago, deshago, rebusco, leo, escribo, me tumbo, me levanto… Siento que domino las horas y que no se me escurren. Por eso, al principio de mi periplo Erasmus me agobió mucho la imposición de la compañía: gente para hacer las compras, gente para ir de excursión, gente para comer…
Sola, y selectiva, a veces demasiado. Me gusta salir con una sola amiga, o un solo amigo, o un solo novio
Dos personas se comunican más fácil, y hablan de cosas más profundas, aunque reconozco que en ocasiones estar varias personas es un subidón, y la felicidad más pura. Por eso me arrepiento un poco de ser tan reticente a las quedadas improvisadas y de querer tener tan controlado el tiempo que me dedico a mí y el tiempo que dedico a los otros.
Eso sí, a pesar de disfrutar de mi soledad también acuso la ausencia de cariño. Cuando estuve en el extranjero necesitaba un abrazo familiar, el conocimiento de la cercanía a pesar de estar lejos. Ni el mayor amante de la independencia aguanta bien mucho tiempo ocioso, solo, en un apartamento.
Escáner
El año pasado iba feliz paseando por la librería Hügendubel en Alemania buscando algún libro que me fascinara y me permitiera, además amortizar uno de esos estupendos chess-long rojos que tienen colocados entre las estanterías y en los que te puedes despatarrar sin remordimiento. Tuve tanta suerte que di con él. Ahí estaba, con la tapa amarilla, y la solución a uno de mis principales problemas. El libro se titulaba “Du musst dich nicht entscheiden, wenn du tausend Träume hast”. La lengua teutona hace que todo suene a esputo, pero la traducción “no debes decidirte aunque tengas miles de sueños” convierte el libro en algo mucho más positivo.
Gracias a Barbara Sher me di cuenta de que soy “escáner”, esto es, una persona con muchos proyectos e intereses que se agobia porque tiene la sensación de que debería decantarse por uno y de que con tantas inclinaciones nunca consumará nada ni se volverá experta en nada. La autora revela que esto no es así, que los escáner son eso, gente inquieta, y que lo único que tienen que aprender es a canalizar esa energía y ese sinfín de opciones. Desde entonces, me acepto como escáner y trato de dedicarme a todo aquello que me gusta de una forma ordenada, o de pasar unas semanas haciendo algo y después pasar a la actividad siguiente. La verdad es que no me está yendo tan mal, y mirando en retrospectiva me he dado cuenta de la variedad de actividades que he realizado (todas ellas bastantes asociadas a lo creativo) y de lo que las he aprovechado.
Analílíiiitica
Me gusta mucho leer libros en los que el personaje desgrana su propia psicología y la de los demás. Amo observar a la gente e intentar descubrir sus procesos psicológicos, y también disfruto analizando las relaciones ajenas. También, por eso, me entretiene ayudar a los demás a resolver problemas en los que la psicología juega una baza muy importante. A veces soy demasiado analítica. Es cuando el pensamiento se me incrusta en el núcleo cerebral y quema. Entonces lo tengo que destaponar y vivir, que es lo opuesto a encerrarse a pensar.
Por contagio materno, he leído bastante sobre psicología, autoayuda y en ocasiones, por error, esoterismo. Uno de los autores que más me han convencido es Jiddu Khrisnamurti. Desaprueba la labor de los psicólogos, el oficio embrollador del pensamiento y, además, aborda la situación del hombre a nivel social. Hace una lectura de la sociedad actual que me encanta: afirma que estamos fragmentados, que nuestros egos nos separan los unos de los otros, que las etiquetas sólo marginan, y que de esta forma sólo va a seguir reinando la infelicidad en el mundo. Tiene toda la razón.
Selectiva
Me gustan muchas cosas, pero sé lo que no me gusta. Más adelante, pasado un tiempo, puedo cambiar de opinión, pero tengo bastante claridad de ideas. Sé qué tipo de comida no me gusta (odio la menestra, las vainas, los puerros, las habas, etc.), sé qué tipo de programas no me gustan (corazón, muchos deportes, etc.), y sé qué tipo de gente no me gusta, y por tanto cuál quiero a mi lado. He tenido la suerte de topar por el camino con personas tan estupendas que te dejan claro qué vías han quedado bien obsoletas, gente a la que sabes buena, íntegra, honrada, no egoísta, simpática, amable. Mi tendencia es pensar que todo el mundo es de esta forma, aunque a menudo un tope con algo bastante distinto, y sé que me encantaría estar rodeada de seres así siempre, en todos los ámbitos de mi vida.
Despistada
Mi cabeza bulle y bulle y a veces se le escapa información relevante. No es un despiste machacón, pero en ocasiones aparece si me descuido. También soy desordenada, aunque según con qué. Lo que corresponde a mis estudios y mi trabajo lleva un orden mío y no me suelo perder. Eso sí, no puedo dar una explicación sensata al caos que de cuando en cuando se origina en mi habitación.
Tímida
Según con quién, soy vergonzosa. Suele pasarme con la gente tímida, parece que la timidez se sumara. También con la gente muy seria, o muy rígida. Por suerte, también sé salir del paso, y cuando cojo confianza soy muy extrovertida. Eso sí, el primer paso me cuesta un poco, más que en el cara a cara en situaciones como las de llamar por teléfono, o realizar una entrevista… Cosas así. Por suerte, con lo de la radio se me ha ido pasando. ¡¡No me ha quedado otra!!
Y estas son todas mis confesiones!!! Ahora seleccionaré 7 blogs!!!
El show de Fusa, by Fusa
Salvador Guirado, perdonen que no les dé la mano, by Salva
La Horquilla de tu Pelo, by Carmen
Nelaiam Uzibrag, by Maialen
Una palabra tuya Agosto 10, 2009
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Una palabra tuya bastará para sanarme. Pero son todo palabras amargas las que salen por la boca de Rosario cuando nos empieza a contar la historia de la que es, y sigue siendo, su vida. Desde la primera línea nos metemos por un camino que amenaza con seguir opaco, con no cambiar de dirección. La protagonista afirma que la vida no la ha tratado como se lo merecía. Ella, que podía haber terminado sus estudios universitarios, que tenía inteligencia para más, acaba limpiando las oficinas y los baños de una agencia de viajes. Hasta que se vuelve a cruzar con Milagros, su antigua compañera de clase, el perrito fiel que siempre le era leal y la admiró, a pesar de que Rosario sintiera invadido su terreno. Llega Milagros en un taxi de su tío Cosme, sin carné pero con ganas de disfrutar de un viaje echándose un canuto. Y qué mejor que si con ella está su amiga del alma, a pesar de hacerla llegar tarde a su trabajo. Rosario, mientras, se asfixia pero cede. Incapaz de cambiar de dirección, sumida en la queja pero incapaz de salir de ella, viaja en ese taxi hasta que a Milagros se le acaba el chollo y su tío le dice que vale, que ya está bien de echarle morro al trabajo y que se busque otra cosa. Para entonces, a nuestra protagonista ya la han echado de la agencia, y su amiga le propone ser barrendera municipal. De nuevo, la narradora cede. Lo hará.
Entre un revoltijo de hojas, vómitos y porquería, Rosario disecciona su realidad laboral. Sus compañeras, chismosas que no le aportan nada con sus conversaciones sobre las vidas ajenas; los chicos, insustanciales que piensan que entre ella y Milagros hay algo más que amistad. Y Morsa, el compañero que desea acostarse con ella. ¿A ella le gusta Morsa? No lo sabe, pero de nuevo accede. Mientras tanto, la mente de su madre agoniza. Primero pierde la orientación, después ya ni la reconoce. Hasta el fin. Y a Rosario le carcome la culpa. En el fondo desea que muera, para sentirse liberada. Pero, ¿cómo admitir eso, a pesar de que no la dejó ser ella, aunque la hiciera sentirse ahogada? ¿Cómo desprenderse de esa lastra de culpa? Difícil es como Rosario lo ve todo. Así que continúa por el carril gris, y sigue mirando a lo que le rodea clamando por justicia. Desubicada, sin saber bien por qué está donde está.
Esta lectura me ha dejado pensando. Rosario sigue girando sobre mi cabeza. Me he identificado con ella en numerosos episodios del relato. No porque me sienta en un universo que no corresponde, tengo mi claro que he elegido mi propio camino. Pero veo la realidad como la protagonista. Me tensan las figuras controladoras, o aquellos que con su amistad se apropian de ti a modo de pulpos y no te dejan decidir qué haces. Es complicado que a alguien le ocurra lo de Rosario. Normalmente uno se escaquea, se escabulle como puede de esas situaciones, y selecciona aquellas amistades que más le nutren, que le hacen sentirse bien.
“Una palabra tuya” fue trasladada a la pantalla. La dirigía Ángeles González-Sinde (la ministra) y la protagonizaba Malena Alterio. Y en el tráiler Milagros le espetaba a Rosario el exigir a los demás una percepción de la que ella misma carecía. Puede ser que la protagonista se erigiese en juez, y observara a Milagros y al resto desde una posición de superioridad. Pero no creo que sea ésa la enseñanza que Elvira Lindo pretende transmitir en su novela. No me parece el tipo de escritora que vaya prodigando lecciones de humildada. Rosario, más bien, induce a la compasión. Tal vez no sean ni Milagros ni Morsa aquellas personas con las que quiere estar. Y no por ello van a dejar de ser buenas personas, pero es posible que a la protagonista otra gente con intereses más afines, e incluso más cultivada, le enriquezca más.
Defiendo la libertad de decisión en todo momento. Cada cual se fragua su vida, y eso no significa pisotear a nadie. Ésta es mi convicción, después de haber leído la novela. ¿Qué es lo que opináis vosotros?
El mes que va después de junio Julio 24, 2009
Posted by thebazaarofarts in Personal, Vida cotidiana, pensamientos.add a comment
El mes que va detrás de junio en fila de a uno y sin descansar lo reglamentario se llama julio. Y julio viene dando guerra, dando caña y sin querer vacaciones. Después del sagrado examen de licenciatura, en el que un coro de desbandadas filólogas violamos las leyes de la gravedad sobre el puente que une patéticamente la asfixiante universidad y la asfixiante biblioteca, he pasado a una dimensión distinta. Se llama Gorliz.
Gorliz es como los agujeros negros. Te absorbe, te empapa y te aposenta en un día a día que… ¡Qué carajo! Voy a echar de menos cuando se me caiga encima el edredón de setiembre. Antes odiaba Gorliz. Ahora Gorliz es sagrado.
En el mes que va después de junio madrugo para ir a la radio. Con los ojos abollados aún del sueño intuyo a mi hermana preparándose para ir al trabajo, y después me levanto, tip y top, pasito a pasito, para desayunar alguna cosa. Jamón con pan tostado, zumo de piña, sabor a veranito. Después salgo a la calle y la radio está a un paso. Parece mi propia casa. Levanto la persiana azul metálica y rezo para que se quede bien enganchada y no perecer bajo su fuerza mientras saco la llave principal del buzón.
Ya está, ya llegué a ese local donde se respira tranquilidad. Tiene un olor peculiar, a calor de máquinas. Entre sueños voy abriendo las distintas ediciones de los periódicos. El mundo sigue trayendo mierda. Noticias insólitas, gente que provoca desastres. También hay alegría, y curiosidades, que tendremos que comentar a partir de las diez. A las nueve llegan mis compañeras.
- Buenos días, vaya tiempo. ¡Y qué sueño!
- Yo hago información local, me reparto contigo boletín…
Y así de lunes a viernes, mientras el micro espera a los labios. Y poner la música, y calcular que el programa empiece mientras suenan las horarias, y devanarnos los sesos… ¿Y ahora de qué hablamos? Porque dos horas dan para mucho. Y el teléfono, ¿qué nos traes de deportes? ¿A qué hora es la pleamar?
Cerrar con el hambre que se nutre del estómago, ir a casa, dar un mordisco al melocotón, oír las voces alegres de siempre, los ladridos alegres de siempre, encender la tele, apagarla, abrir un libro…
¿Qué tal llevas los teses de la autoescuela? ¡No es “teses”, es “test”! Ya no fallo tantas. Y comer, comer, comer, y tomar algo, y disfrutar del helado si tercia.
Después… Veremos. Tal vez las hojas del libro de Márquez, o el manual de circulación, o seguir con esa historia fantasiosa para niños, si no empiezo a propulsarme a base de bostezos…
Luego, la autoescuela, dos minutos y ya estoy frente a ese ordenador, frente a esos test que me contagian sus palabras académicas… Ciclomotor, intersección, adecuación, etilómetro… ¿Venderán etilómetro? Sigamos… Borne, bujía, cadenas, neumáticos con clavos. Antiniebla, luces de cruce, homologado, autoridad competente, carretera convencional. Etcétera.
Y después… Reposo cerebral, televisión, cena rica, quedar tal vez, y un sueño increíble balanceándose en el ocaso. Eso es Gorliz, ese reducto cercano y acogedor. Esa es mi casa, mis aceras, mi sol encapotado, mi sabor a mes que va después de junio.
Ta-ma-got-chi!!! Enero 14, 2009
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No sé si os acordáis de los tamagotchis, esas maquinitas con forma de huevo que te obligaban a ir cuidando de un bichito electrónico para que día a día creciera. A mí me lo dieron de segunda mano, y no dejó de morírseme. Era desesperante. El mío tenía el horario de Japón, de donde son originarios, y no nos poníamos de acuerdo. Cuando yo estaba despierta, el dormía. Cuando yo roncaba, él se hacía caquita. Al final le agoté todas las vidas, y luego se le gastó la pila a la máquina y no resucitó. El tamagotchi acabó en un cajón que tenía la mesa de la cocina, en el que guardaba todo tipo de juguetes diminutos e inservibles.
Hoy me siento como uno de ellos. Me faltan las energías y necesito un dedo divino que me las recargue. Esto se llama efecto universidad y, sobre todo, efecto madrugón. Pero mañana, señoras y señores, empieza la época de exámenes, y los días que no hay examen nos quedamos en casa empollando cual gallinas ponedoras, así que esta noche dormiré más de seis horas.
Tengo ganas de que termine el semestre y volver a ser un tamagotchi descolgado de calendarios. Hacer cosas que no tengan nada que ver con subrayar, copiar, imprimir o grapar. No llevar las correas sádicas de la mochila en la espalda. No levantarme rostro pálido por las mañanas. Con todo, sé que todas las genialidades que se me ocurran hacer a lo largo de estas tres semanas se inflarán como el pastel de arroz en cuanto me relaje y perderán solidez. Así que, lo mejor será ir encauzándolas ahora: escribir algo, leer un libro que me enganche, iniciar un proyecto… Algo que me distraiga de la marisma de apuntes. El respiro del Tamagotchi japonés.

Mira allí arriba Enero 13, 2009
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¡¡Mira, el arco iris!! – sonríe.
Sonríe de vuelta.
¡¡Es el arco iris, es una suerte verlo!!
Sí -sonríe más.
El hombre negro, que amenizaba las calles con su canto a lo Louis Armstrong, se quedó ahí sonriendo.
La muchacha subió los pisos de colores del ascensor. Amarillo, naranja, rojo, violeta, azul, verde. Sonriendo.
Hoy mis ojos se han teñido de arco iris y de risas musicales.
Aunque lloviera. A pesar del frío y el sueño.

Para ti que eres escáner Noviembre 15, 2008
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Pasan los días y me doy cuenta de la cantidad de actividades que me apasionan, y también de la cantidad de proyectos que me gustaría llevar a cabo. Son como una apetitosa baraja de naipes llena de palos y colores en la que todas las cartas están puestas boca abajo, esperando a ser descubiertas.
Solo que, después de entusiasmarme rasco el aire y veo un reloj del tiempo lanzándome destellos de faro. Uno a la izquierda, tic, dos a la derecha, tac-tac. Y se me pone mohín triste. Vale, no hay tiempo, se va a quedar todo congelado en la idea.
Esto es lo que me pasa de vez en cuando, pero ahora tengo un arma infalible: el libro del buen escáner. Ya comenté en anteriores episodios que se trata del “Du musst dich nicht entscheiden, wenn du tausend Träume hast”, oséase, “No debes decidirte, si tienes miles de sueños”. Es un canto a la esperanza que no intenta rehabilitar a los que, como yo, y como muchos túes, seguro, intentan abanicarse con todas las posibilidades. En vez de obligarte a ceñirte a un proyecto, te hacen ver que no hay nada malo en ser multitarea, aunque parezca que nunca vas a llegar a profundizar en nada. Más bien al contrario, ser multitarea significa que puede sacar partido a un montón de facetas de tu vida. Para organizarte, y para sacar adelante varios proyectos, lo que necesitas es un planning, un planteamiento que te permita combinar actividades.
Estos días estoy tratando de hacer eso, de experimentar. Me he propuesto no dedicar más de una hora a cada actividad, porque a partir de ese punto suelo perder la ilusión y la concentración -al margen de las actividades obligatorias de la uni, que probablemente me lleven más tiempo. Además, una hora para cada cosa significa que no les quita el sitio a las tareas más urgentes: una hora para escribir, día a día, se convierte en 30 horas mensuales, y esto a la larga puede dar lugar a un proyecto.
Ya os contaré cómo avanzan mis distintas misionas. De momento el “Scanner Project” parece ser lo que más se adecúa a mis necesidades.
Mediodías Noviembre 10, 2008
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Hoy he encontrado un nuevo sitio donde guarecerme mientras volvía en el alocado autobús rojo. Sosteniendo la mochila cuadrangular, negra, y gorda, he ido esquivando obstáculos coloridos de cuerpos hasta encontrar un asiento libre. Me he incrustado ahí encajando la mochila sobre mi regazo, como una niña un poco gorda.
He sacado de ella un libro, un libro de tapa blanca y gris con la bandera americana raída y desgajada y me he dispuesto a leer. Era mediodía y tenía aún en la corona del paladar el regusto punzante de los Boca-Bits. El autobús corría a toda velocidad y el sopor de las cinco horas de sentada y las seis horas de sueño se hacía notar mientras pasaba las páginas del libro. Dos de la tarde, y pensando en el libro como un material de evasión en el constante y rutinario trajín.
Iras que vuelven, Iras que van, Iras que vuelve a ir cayéndose del calendario y dejándose posar unas cuantas horas más en la cama durante el fin de semana. Y mientras tanto, los paisajes quietecitos, los bares abriendo y cerrando persianas y el reloj grandote marcando intermitentemente grados y segundos.
Entre las líneas del libro me he colado por un mundo donde el protagonista trastoca su identidad bajo un sombrero de copa y se convierte en otro, como por obra de un prestidigitador, y se encara a los enemigos sin ser reconocido. En la realidad, seguía a botes el vaivén mullido del bus, mi mochila embarazada y una cabeza cargada de datos a medio y largo plazo.





